Película: Magia a la luz de la luna

Tras la recuperación que supuso Blue Jasmine, está visto que Woody vuelve otra vez a la mediocridad: es duro decir esto de uno de los cineastas más interesantes del último medio siglo, pero la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero, como dice el proverbio español.

El tema de la magia y lo fantástico no es la primera vez que aparece en el (por lo demás) reconocidamente agnóstico Allen: tanto interés por las cosas del otro mundo parecen poner en solfa ese escepticismo. Pero lo cierto es que, de una forma u otra, los temas fantásticos o mágicos ya habían aparecido en mayor o menor medida en sus anteriores Alice, La maldición del Escorpión de Jade o Conocerás al hombre de tus sueños, eso sin ánimo de ser exhaustivo. Magia a la luz de la luna nos presenta a ese “alter ego” del propio Woody que suele aparecer con cierta frecuencia en sus películas, cuando, a la acostumbrada ironía del personaje creado por el propio Allen (con independencia de que se llame de forma distinta o se dedique a oficios varios, lo cierto es que su personaje es siempre el mismo, como lo era el pequeño vagabundo Charlot), se le añaden “virtudes” tales como la altanería, el estar pagado de sí mismo, el desdén por el otro, la arrogancia y la mordacidad como una de las ¿bellas? artes.

Aquí tendremos a ese personaje, que es como si mezcláramos el rol habitual de Woody con el enanito Cascarrabias, resultando ser en este caso un mago experto en desapariciones, como David Copperfield (el mago, no el personaje dickensiano) pero en plan vintage: no en vano la acción se ambienta en Europa a finales de los años veinte, cuando ese mago que es una eminencia en desenmascarar médiums y falsos espiritistas, es tentado por un colega para que le ayude a hacer lo propio con una chica que, según parece, está embaucando a una familia bien de la Costa Azul, en Francia. Hasta allí llegará el petimetre oculto bajo un complicado heterónimo para pillar a la muchacha en un renuncio, pero cuando la chica empieza a contarle cosas que supuestamente no sabe nadie más que él, las dudas aparecen…

El problema de la nueva película woodyana es que lo que se nos cuenta es viejo como el mundo; por supuesto, a estas alturas es muy difícil inventar historias nuevas, pero al menos se le debe pedir a los cineastas (y a Allen exigírselo: no se puede hacer Zelig o La rosa púrpura de El Cairo y después caer en la aurea mediocritas) combinar con soltura y gracia los finitos elementos argumentales que, querámoslo o no, habrán de conformar hasta el fin de los tiempos (o sea, no tardando mucho) las obras audiovisuales. La historia aquí contada la hemos visto, con variantes, decenas de veces. Que el burlado sea un pisaverde no aporta mayor novedad, ni tampoco las mareas menguantes y crecientes del romanticismo que, finalmente, termina siendo el género de la película.

No es Magia a la luz de la luna un buen filme, como tampoco lo fueron algunas de las últimas obras woodyanas, como Vicky Cristina Barcelona, Conocerás al hombre de tus sueños, Midnight in Paris o A Roma con amor. No todo lo que hace el cineasta neoyorquino es bueno, por más que parece haber una corriente papanatas en la crítica que así lo reputa. Por favor, ejerzamos de críticos, no de adoradores: para eso ya están los habituales del botafumeiro…

Por cierto que Woody vuelve a utilizar paisajes europeos para su nueva película, como viene haciendo en los últimos años con notable regularidad. Ya hemos visto localizar sus filmes en sitios tales como Barcelona, Roma, París, Londres, Venecia, entre otras vistosas ciudades de evidente encanto turístico. Ahora le toca a la Costa Azul francesa, otro enclave de lo más charme… Y es que parece que a Allen, en los últimos años, además de sus habituales productores, le financian los Ministerios de Turismo de los países europeos…

Colin Firth está algo sobreactuado, quizá porque su personaje tiene poca defensa y él está más dotado para otro tipo de papeles; tal vez un Rupert Everett, que se maneja con soltura en la desdeñosa exquisitez wildeana, hubiera sido más adecuado. Emma Stone, la coprotagonista, resulta más interesante, confiriendo a su rol el adecuado tono entre la inocencia y el conocimiento que le conviene al filme.  


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98'

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Magia a la luz de la luna - by , Dec 09, 2014
2 / 5 stars
El porquero de Agamenón