Película: Mamá Lo tengo escrito, pero no me cansaré de repetirlo: uno de los peores vicios de la crítica, como en casi todo en la vida, es la pereza mental. Cuando hay un producto como éste, Mamá, filme de terror con infantes de por medio, casas más o menos encantadas y fantasmas irredentos que hacen el mal vengándose por las sevicias sufridas en vida, se suele despachar la crítica, desde la displicencia, con una sarta de tópicos.

Pero lo cierto es que hay que intentar (al menos intentar) ir al cine con la cabeza despejada y la mente desprejuiciada. No es fácil, lo sé, pero todos (también los críticos, y por supuesto los lectores de éstos) saldríamos ganando.

Vaya por delante que Mamá no es nada del otro mundo; probablemente ni siquiera es una buena película. Pero sí tiene algunos elementos que la hacen estar un peldaño por encima de lo deleznable. Hay detalles en esta historia que son muy cinematográficos: por ejemplo, al principio, cuando las niñas se quedan solas en la casa donde vivirán cinco años al cuidado del fantasma que la habita, las vemos en un círculo de luz de incierta procedencia; están muertas de miedo, pero el espectro que desde entonces las tomará bajo su cuidado, y que responderá al bellísimo nombre de mamá (no conozco otra palabra más hermosa en lengua española), les hace llegar, rodando, algo pequeño y redondo. Esa esfera entrará en el círculo de luz que protege/visibiliza a las niñas; la mayorcita la toma y se da cuenta de que es un fruto, concretamente una ciruela, el símbolo con el que nos enteramos, con antelación, cómo las niñas consiguen subsistir durante cinco largos años. Cuando son encontradas después de ese período, una de las cosas que llaman la atención a los buscadores es un inmenso montón de huesos de… ciruela. Hombre, la verdad es que no es de extrañar que las niñas, al ser rescatadas, tuvieran un humor de perros: imagínense comiendo durante cinco años sólo ciruelas…

Bromas aparte, es un detalle de buen cine, un símbolo que cobra fuerza y de alguna forma explica breve pero contundentemente el enigma de cómo sobrevivieron dos niñas de corta edad en un universo hostil, al cuidado de un ectoplasma.

Más adelante habrá más muestras de buen cine: la escena en la que, ya rescatadas y viviendo las niñas con su tío y la novia de éste, vemos a la más pequeña jugando a tirar de una especie de manta con alguien a quien no vemos, pero que se supone es su hermana mayor. Cuando ésta, en ese mismo plano, en una suerte de “split-screen” ficticio, aparece en otra estancia aneja, nos damos cuenta de que la niña no está jugando con su hermana, sino con alguien incierto …

Y así varias escenas. No es un filme tópico, entre otras cosas porque toma elementos cultistas que están fuera del (escaso) conocimiento de los pegaplanos y de las producciones con fines exclusivamente mercantiles; véase la peculiaridad de que su tema, las niñas crecidas milagrosamente en un entorno silvestre, entronca con todo un acervo cultural sobre el mito del buen salvaje, desde Rousseau a Truffaut (El pequeño salvaje), pasando por Burroughs (Lord Greystoke, en modo taparrabos en Tarzán) o Herzog (El enigma de Gaspar Hauser), por solo citar algunas de las influencias más evidentes.

Es cierto que el final cae en la tentación del grandguignol, hasta entonces razonablemente evitada. Pero también lo es que parece que un filme de estas características, si no termina con un castillo de fuegos artificiales de terror apoyado en los maravillosos efectos digitales hodiernos, no terminan adecuadamente. Una lástima, porque hasta entonces se había mantenido la atención jugando sólo con unos pocos elementos y con escasa aparición del fantasma de turno, en línea con lo que siempre se dice del terror: da más miedo lo que no se ve que lo que se nos muestra con todo lujo de detalles.

Algunos apuntes sobre los intérpretes: Jessica Chastain se está revelando como una actriz de registro extremadamente versátil, capaz de papeles tan diversos como los que ha hecho en La deuda, El árbol de la vida, Criadas y señoras y La noche más oscura. Nikolaj Coster-Waldau, que seguramente pase a la posteridad por su personaje de Jaime Lannister en la serie televisiva Juego de Tronos, aquí resuelve con eficacia pero en segundo plano su papel. Entre los secundarios nos quedamos con Javier Botet, que va camino de convertirse en el actor que más fantasmas, espectros, monstruos, etc., haya llevado a la pantalla (con permiso de Lon Chaney, claro), permitiéndose el lujo incluso de hacer de ectoplasmas femeninos, como la Niña Medeiros de REC, o esta mamá de Mamá.

El argentino Andrés Muschietti debuta en la dirección de largometrajes con esta película, si bien ya tenía alguna experiencia como director de segunda unidad, por ejemplo en Una noche con Sabrina Love. No parece un neófito, con buenas ideas y sin ramplonerías. La impresión es que, si continúa por este camino, puede darnos en el futuro muy buen cine.

Por último, no deja de ser reconfortante que una coproducción española (en connivencia con Canadá) consiga liderar la taquilla de Estados Unidos la semana de su estreno, algo que no ha conseguido ni siquiera Lo imposible, a pesar de su record de recaudación en España.

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100'

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Mamá - by , Feb 16, 2013
2 / 5 stars
Huir de la displicencia