Película: Manchester frente al mar

Ha sido muy elogiada esta película independiente, y creo que con razón. Otra cosa es que, personalmente, me parece quizá un punto excesivos esos elogios, no porque el filme, en su conjunto, no sea estimulante, que lo es, sino porque entiendo que su guion es manifiestamente mejorable.

La acción se desarrolla en dos momentos temporales diferenciados, en la actualidad y unos ocho años antes. En la fase temporal anterior conoceremos la vida de dos hermanos adultos en su localidad natal de Manchester-by-the-sea (que así se llama el pueblecito en la costa atlántica de Massachussets); el mayor tiene un barco y un hijo de unos ocho años, quien tiene una especial relación de cariño con su tío; este a su vez está casado y tiene tres hijos pequeños; por un desafortunado accidente, el tío sufrirá un gravísimo trauma que le marca de por vida (que no destriparemos para no caer en “spoilers”) y marcha a Boston para desarrollar allí trabajos de mantenedor de edificios. Entretanto, el padre del niño de ocho años, ya en la actualidad, muere de una dolencia cardíaca que padecía desde hacía tiempo, y nombra a su hermano tutor legal de su hijo, ahora un adolescente de 16 años…

El interés del filme es evidente: contamos con una situación familiar compleja: el protagonista, traumatizado por su desgracia, ha de regresar a su ciudad natal para hacerse cargo de un chico, cuando no es capaz prácticamente de hacerse cargo de su propia vida, un desastre social, sentimental, económico, personal. Renuente a tal encargo de su hermano mayor (no sé si envenenado, quizá realmente bienintencionado, para recuperar la gran persona que, en el fondo, yace en el corazón del devastado hermano menor), el protagonista se debatirá entre el “buenrollismo” y la rigidez en su relación con su sobrino y supuesto tutelado legal, y además tendrá que afrontar retos como reencontrarse con su ex, lidiar con la exesposa (antigua alcohólica, ahora reciclada en fervorosa creyente religiosa) de su hermano y, sobre todo, volver a donde todo le recuerda la catástrofe sucedida años atrás.

Pero, y ahí es donde llegan nuestros reparos, lo cierto es que el guion no justifica razonablemente ni una cosa ni la otra, los repentinos bandazos del tío con respecto a su ahijado; ya sabemos que el protagonista tiene una empanada mental considerable a causa del suceso que le destrozó la vida, pero no se nos dan claves para que entendamos por qué en determinados momentos se comporta como un adulto comprensivo y racional y otras lo hace como el ama de llaves de Rebeca. Ambas posturas podrían ser perfectamente coherentes, pero se nos tienen que dar pistas que aclaren por qué en unos momentos adopta una y en otros la segunda.

Al margen de esos reparos, que tienen su importancia pero entiendo no son capitales, lo cierto es que Manchester frente al mar es una película hermosa en su tristeza, en su melancólico retrato de un grupo familiar estragado por desastres varios, a los que habrá de enfrentarse como pueden, con el escaso bagaje de preparación con el que nos dota la vida. Kenneth Lonergan, el director, es también dramaturgo, y eso se nota en el exquisito cuidado con el que trata a sus intérpretes, consiguiendo que Casey Affleck, que no es precisamente Laurence Olivier, esté muy bien, aunque es cierto que su rostro entre lo estólido y lo hierático conviene perfectamente a su atribulado personaje, cuya pena navega por su interior con esporádicos fogonazos de violencia gratuita. Muy bien Michelle Williams en su complicado papel, la mujer destrozada vitalmente que intenta rehacer su vida y, a la vez, restañar las heridas que, con el hondísimo dolor de la pérdida, infirió a su ser más querido. Razonablemente bien el adolescente Lucas Hedges, quien, a pesar de su juventud, ya tiene en su carrera varios títulos relevantes, como Una vida en tres días, The Zero Theoreme y El Gran Hotel Budapest.


Manchester frente al mar resulta ser, a nuestro entender, un interesante melodrama premeditadamente contado en clave menor, filmado con buena mano por un cineasta todavía con escasa carrera cinematográfica a su espalda (sólo tres largos, incluido este), a pesar de lo cual, y salvo en los mencionados defectos guionísticos, consigue un producto apreciable, de corte modestamente humanista y con un tono entre la melancolía y la leve esperanza que cuadra muy bien con el paisaje adusto, permanentemente nublado de un pueblecito perdido en la costa este norteamericana.

El filme está producido, entre otros, por Matt Damon; en principio el actor iba a interpretar el papel principal, el que finalmente ha compuesto Casey Affleck. ¿Qué hubiera pasado si Damon hubiera sido el protagonista? Como diría el clásico, chi lo sa
 


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137'

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Manchester frente al mar - by , Feb 08, 2017
3 / 5 stars
Interesante propuesta, dubitativo guion