Película: Mataharis Sigue la madrileña (pero tan unida a Andalucía, y no sólo por razones familiares) Icíar Bollaín con su fructífera carrera como directora. Fiel a su cita cuatrienal (no sé si premeditada o involuntariamente, entre cada uno de sus cuatro largometrajes media, precisamente, cuatro años…), la cineasta que se dio a conocer con la curiosa pero ciertamente tosca Hola, estás sola?, creció hasta la madurez con Flores de otro mundo y ascendió al paraíso de los creadores con Te doy mis ojos, nos ofrece ahora otra nueva muestra de su capacidad creativa: Mataharis, ambientada en el universo de las agencias de investigadores privados, aunque realmente habla de relaciones personales, o de la ausencia de ellas.

La película se articula a partir de tres historias distintas, concomitantes en tanto que las tres protagonistas trabajan en la misma agencia y, por tanto, tienen una fuerte interrelación entre ellas. Pero, a partir de los tres casos que investigan, las tres mujeres habrán de profundizar en sí mismas, en lo que son en la vida, en lo que quieren ser y también en lo que no quieren ser bajo ningún concepto. Estamos, entonces, no ante un thriller, como podría sugerir la profesión de las protagonistas, sino ante un drama de autoconocimiento. La madre de familia con niños pequeños habrá de enfrentarse a una zona oscura en la vida de su marido que la ahoga, ante la incertidumbre de la infidelidad, aunque fuera pretérita; del engaño, aunque sea por omisión; de la falta de confianza, aunque sea falta de comunicación. La detective madura de vida resuelta y esposo que cordialmente la ignora encontrará, de refilón, que aún sigue vibrando por dentro y haciendo vibrar. La neófita con tantas ganas de prosperar en la empresa y de crecer como profesional de la investigación se encontrará en la disyuntiva de recorrer el camino de la traición o tener que dedicarse a otra cosa. Todas ellas están investigando a otros, pero realmente lo hacen, crítica, crípticamente, sobre ellas mismas. En ese trance aprenderán a perdonar, a tolerar, a romper con todo, a empezar de nuevo.

Es cierto que Mataharis no tiene la altura casi preternatural de Te doy mis ojos, pero también que supone un nuevo paso, firme y decidido, en una cineasta que ya domina todos los resortes de la realización. Así las cosas, estamos ante un filme que gozosamente crece en el interior del espectador, que se recrea en escenas sutilísimas, como el encuentro de la detective madura y el marido engañado en el baile de pueblo donde ambos intuyen, de forma casi imperceptible, que entre ellos hay una conexión sensual, quizá sexual, que acaso no sepan canalizar, tal vez ni siquiera analizar. Recuerda esa tensión sublimada otros filmes de bellísima exposición de una atracción apenas velada, como Ficción o la seminal Deseando amar. También el segmento de la madre detective tiene fuerza, en esa relación tormentosa que se inicia cuando el secreto del marido sale a la superficie, con su estela de engaños. Seguramente el tercero, el de la investigadora neófita, sea el más endeble, el menos trabajado de los tres, sin por ello carecer de interés.

Chapeau, como es habitual, para los intérpretes de Bollaín, ella misma actriz, por lo que sabe lo que quiere y como lo quiere, y sabe también que su cine se cimenta poderosamente sobre la capacidad de transmitir de sus actores. Najwa Nimri, siempre espléndida, incluso en un papel como éste (madre y detective a tiempo completo) que pudiera suponerse que no le va; Tristán Ulloa, confirmando que es uno de los intérpretes españoles que mejor “sufre” en pantalla; Nuria González, rostro popular por su paso televisivo por el concurso El rival más débil, que confirma que tiene otros registros que el de presentadora cabrona; María Vázquez, quizá la menos conocida de las tres protagonistas, evidencia que la cantera de Al salir de clase, la ya legendaria serie concebida por Antonio Cuadri, afloró interesantes capacidades actorales.

Entre los secundarios, aparte de la ya sabida facilidad interpretativa de Diego Martín y el no menos conocido hieratismo de Adolfo Fernández, que tan bien conviene a su personaje, destacaría el talento inmenso del malagueño Antonio de la Torre (tan merecido Goya por Azuloscurocasinegro), en un papel como un campo de minas, el de pequeño empresario que cree que su socio le roba para encontrarse con otro engaño mucho peor, pero al que inesperadamente la vida le ofrece una nueva oportunidad.

Mataharis - by , Oct 05, 2007
3 / 5 stars
Detectives de sí mismas