Película: Memorias de una geisha Tras el éxito de Chicago , el coreógrafo Rob Marshall se atreve con un drama romántico en estado químicamente puro, y el cambio del género en el que es especialista a otro en el que es neófito se salda con un aprobado alto. Es cierto que los primeros veinte minutos, con las desventuras de la pequeña entregada a una casa de geishas como esclava por causa de la extrema pobreza de su familia, son más bien bostezantes. Cuando la niña se convierte en adolescente en flor, y tras su primer encuentro con el llamado presidente (de una empresa, no del país), la película alza el vuelo y ya se entona para el resto del metraje.

Lo que Memorias... ofrece es, fundamentalmente, una secreta historia de amor, la de una geisha y el hombre al que ama desde niña, todo ello bajo el implacable ritual, colindante con el masoquismo, al que tiene que someterse la aspirante a geisha para llegar a serlo, y su latente (y con frecuencia patente) batalla con una geisha madura por conseguir su objetivo. Con el trasfondo de la Segunda Guerra Mundial y las consecuencias que el colapso del Eje supuso para el Japón profundo, con la llegada de los americanos y todo un mundo que se venía abajo para surgir otro (no necesariamente mejor; tampoco peor: simplemente distinto), el universo elitista y sagrado de las geishas sufrirá un embate tal vez irreversible.

Hermosa y cuidada hasta la extenuación, con una admirable ambientación del Japón pre y post conflicto bélico, la película funciona bien como drama romántico, pero también como lucha de inteligencias entre la pujante aspirante a geisha y la dama que ya lo es, pero que no puede dejar pisarse el terreno, para lo que no dudará en utilizar las más arteras y abyectas artimañas. Es en ese tono de cruda rivalidad donde consigue sus mejores resultados, una lucha de bellas con imaginarias uñas como panteras. Una curiosidad: la legendaria fascinación del cine yanqui por el Extremo Oriente en un filme como éste, plenamente norteamericano en producción pero totalmente japonés en cuanto a su ambientación e intérpretes (con algunos chinos, es cierto, como Gong Li y Zhang Ziyi, lo que ha escocido bastante en ambos países, Japón y China: cuánto mentecato hay suelto por ahí..), tiene su contrapunto prácticamente idéntico, pero inverso, en Brokeback mountain, donde un tema tan americano como un western moderno está dirigido por un chino (aunque sea taiwanes). Cosas de la globalización...

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Duración

145'

Año de producción

Memorias de una geisha - by , Jan 23, 2006
3 / 5 stars
Lucha de bellas