Película: Miedo azul La novela “El ciclo del hombre lobo” es probablemente una de las más endebles de Stephen King. Escrita en una época no precisamente brillante, casi al mismo tiempo que “Christine”, que tampoco es una obra de arte, en el caso de este filme además se da una circunstancia extraña en la obra kingiana, y es que se trata de una novela de apenas ciento cincuenta páginas, cuando es sabida su tendencia a escribir volúmenes de varios cientos de páginas. Ello y un cierto esquematismo, en un autor tan dado a la meticulosidad del retrato costumbrista, hace sospechar que tal vez se trata, o bien de un borrador de lo que debería haber sido un trabajo más desarrollado, dado a la imprenta por urgencias del editor, o bien obra de un "negro" contratado para la ocasión. En cualquier caso, lo cierto es que el material original no era especialmente afortunado, una revisitación del mito del licántropo, en la que los únicos elementos novedosos estribaban en que el hombre lobo resulta ser un cura (católico, por supuesto) y el héroe que finalmente acaba con él es un niño de once años, paralítico por más señas. Ahí se acaba la originalidad, tanto en la novela como en la película.
Daniel Attias, el director, había sido ayudante de dirección en “Los ojos del gato”, otra producción De Laurentiis con base argumental kingiana, y con este filme dio su paso a la primera línea de la realización, pero ciertamente no demostró gran cosa. En todo caso, que sabía escribir cinematográficamente sin demasiadas faltas de ortografía, pero no que tenía idea de cómo conferir la atmósfera adecuada a una película en la que el clímax de terror apenas se alcanza en algunos momentos; cabría resaltar entre estos la persecución del niño en su motocicleta por el cura en su coche, sobre todo cuando el pequeño queda atrapado en un desvencijado puente techado: la escena en la que el crío ve venir al cura, andando despacio, viéndole prácticamente sólo los pantalones y un poco de la camisa, ominosamente negro, es un momento de cierta sensación de angustia, porque el chaval está atrapado sin salida, y el sacerdote se acerca calmoso, sabiendo que su presa le espera sin posibilidad de escape. La resolución de la escena, con el campesino que aparece inopinada y providencialmente, es de una ramplonería lamentable. Tampoco es muy buena precisamente la motivación que da el cura para su peculiar transformación, sobre todo porque, en vez de estar atormentado con la culpa (mata a varios miembros de la comunidad de la imaginaria Tarker's Mills), como habría sido muy propio, sobre todo en un cura católico, prácticamente alardea de sus matanzas, sin por ello apearse de su credo. Aunque en la religión católica ha habido algunos jerarcas de inclinaciones sádicas, que están en la mente de todos, no parece que encaje demasiado bien religión con matanzas rituales, sobre todo hoy día.
Tampoco los actores están precisamente bien: ni el chico protagonista, Corey Haim, confiere a su papel el peculiar toque del niño impedido en silla de ruedas asaltado por un peligro que le sobrepasa, ni Gary Busey, generalmente tan buen secundario, se cree demasiado su papel de tío "oveja negra" de la familia. No digamos nada de Everett McGill en el atractivo personaje del licántropo vestido de clergyman; poco desarrollado, peor motivado y con un actor nada dúctil, no consigue transmitir el miedo que debiera.
En resumen, “Miedo azul” es un filme endeble, realizado impersonalmente por un cineasta oscuro al que, con toda razón, se le ha perdido la pista en el cine, sobre una historia manifiestamente inferior a la media de su autor, que nada aporta a la filmografía kingiana, si no es la de ser la única producción de su obra para la pantalla en la que aparece la mítica figura del hombre lobo.


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91'

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Miedo azul - by , Jan 26, 2007
1 / 5 stars
El licántropo viste de clergyman