Película: Miel de naranjas

Está visto que no aprendemos: durante cuarenta años, el régimen franquista propició un cine engolado que dio una visión absolutamente sesgada, falsa y de patriotismo huero de la Guerra Civil y de la infausta postguerra. Llegada la tan deseada democracia, el cine español (con las excepciones de rigor) tampoco ha sabido hacer justicia a una etapa negra de nuestra Historia, y donde antes los malos sin matices eran los izquierdistas, ahora los villanos absolutos son los franquistas: viva el maniqueísmo.


Por supuesto que (no vamos a descubrir América) el franquismo fue un régimen atroz, que reprimió durante casi cuatro décadas al pueblo español con la brutalidad típica de todo régimen dictatorial. Pero eso no significa que el cine que se haga sobre esa época tenga que ser de buenos y malos, de blancos y negros, cuando todos sabemos que en el mundo y en la vida (también en el franquismo) hay una amplísima gama de tonalidades.


En Miel de naranjas se toca un tema interesante, la resistencia antifranquista en la provincia de Jaén, que giró en torno al histórico personaje de Cencerro, alias bajo el que se parapetaba un partisano que trajo en jaque a la Guardia Civil y al Ejército franquista, si bien es cierto que existe un anacronismo entre el momento histórico que refleja el filme (se habla concretamente de 1950) y la fecha en la que Cencerro fue abatido por la Guardia Civil, en 1947. En ese contexto, el guión de Remedios Crespo (cuyos antecedentes como autora de la serie Yo soy Bea no eran precisamente como para sentirse entusiasmados…) sitúa a un soldadito bajo la férula de un juez felón, ennoviado el chico con la sobrina de su jefe, y cómo (y qué malamente) se enrola en la resistencia antifranquista.


Mal escrita, peor contada por un cineasta, Imanol Uribe, que hace muchos años que perdió el oremus, poco convincentemente interpretada por sus jóvenes protagonistas, que parecen estar haciendo Al salir de clase, lo único verdaderamente apreciable de esta mediocridad es la formidable interpretación de los aquí secundarios Eduard Fernández y Carlos Santos, cuyos personajes, dos amigos, mandos militares medios, habrán de enfrentarse a la peor de las posibilidades en una relación de profunda, intensa amistad, resuelta con una escena crucial, que no destriparemos, pero que ambos llevan a cabo con una pasmosa contención. Peor está el muy alabado Karra Elejalde, cuyo juez es más un fantoche, un personaje de opereta, que el hideputa que pretende ser.


Así las cosas, tampoco es Miel de naranjas ese cine español sobre guerra y postguerra que nos merecemos como pueblo. 


Miel de naranjas - by , Sep 13, 2014
1 / 5 stars
Otra vez el maniqueísmo