Película: Misión explosiva

La carrera de Dennis Hopper como director está siendo una de las más extrañas de Hollywood, y eso que aquel "bosque sagrado" (traducción literal de Hollywood) es experto en filmografías peculiares. Saltó a la fama con su primera película, Easy rider, mítico manifiesto cinematográfico de la generación de los años sesenta. Dos años más tarde el estrepitoso fracaso de The last movie lo hundió para lo que quedaba de los setenta. Su tercer filme, Caído del cielo, entroncó muy bien con una nueva generación de horizontes perdidos, pero su fracaso en taquilla lo llevó de nuevo al ostracismo y al alcohol hasta ocho años después, cuando reingresa en la industria con dos policíacos, Colors (Colores de guerra) y Camino sin retorno; en el segundo de ellos debieron hacerle tantas perrerías que retiró su nombre de los créditos. Su hasta ahora penúltima cinta, Labios ardientes, era una inteligente combinación de los universos clásico y moderno del cine negro, un filme muy entonado que no gustó a la miope crítica de costumbre.


Así las cosas, Misión explosiva, su hasta ahora última película, tiene visos de ser un producto alimenticio, una especie de versión libérrima del mito de Carmen, donde una reclusa habrá de ser conducida hasta su destino por dos Don José, en este caso dispares compañeros: el oficial, un reglamentista a rajatabla; el otro, un marine a punto de licenciarse, un buscavidas simpático y sinvergüenza. Por supuesto que en el itinerario el rígido oficial se dará cuenta de que tanta norma no conduce a nada, el marinerito sentará la cabeza y la explosiva Carmen de turno se enamorará y se redimirá al mismo tiempo. Todo previsible, con un guión que juega a fondo la baza de la comedia, aunque también se entrevera de acción y con su puntito de denuncia, en un libreto que Hopper debió aceptar bajo los etéreos efluvios de San Jack Daniels, apóstol de los adoradores del bourbon.


Todo previsible y más bien increíble, cierto, pero también incisivo en la presentación de la U.S. Navy como un hatajo de descerebrados, pichas bravas, cabezas cuadradas y oligofrénicos en general, y radicalmente anti-sistema en un final que manda a la porra a la Marina y a todos sus reglamentos. Así que producto alimenticio, sí, pero con un toque inconformista a considerar.


 


Misión explosiva - by , Nov 22, 2014
2 / 5 stars
Producto alimenticio, pero menos