Película: Moneyball: Rompiendo las reglas Uy, perdón, me había quedado dormido recordando la visión de esta plasta en forma de película… Los norteamericanos son fans irredentos del béisbol, afición que, afortunadamente, no comparte casi nadie en el resto del mundo (bueno, los cubanos sí, pero ésa es otra historia). Sin embargo, a pesar de esa reluctancia del noventa y cinco por ciento de la población mundial, de vez en cuando las productoras yanquis dan en montar un filme que gira absolutamente en torno a ese deporte. Claro que generalmente la taquilla de su país suele funcionar, como en este caso, y entonces tenemos el terreno abonado para que siga habiendo proyectos a vueltas con este tema.

Moneyball: Rompiendo las reglas se basa, según parece, en una historia real, la de un mánager, el de los Athletic’s de Oakland, un equipo que podríamos llamar de clase media, por no ser ni de los mejores ni de los peores de las Grandes Ligas, al que este ¿visionario? quiso dar un giro copernicano aplicando números, estadísticas y ecuaciones donde antes había intuición, ojo clínico y experiencia. La película se lleva las dos horas (muy) largas que dura justamente en esa batallita, con el mánager y su empollón gordinflas maquinando para que su equipo de jugadores botarates le rinda como si fuera un Barça o un Real Madrid con bates. Hay desencuentros con el entrenador, que aquí parece el utillero (Philip Seymour Hoffman, en un papel muy desagradecido pero que él borda, como es habitual), encuentros con su hija adolescente y con su exmujer, y con el nuevo marido de su ex (lógicamente pintado como todas las nuevas parejas de las ex de los protagonistas: un lelo, un moñas, un pintamonas, un blandito; si el resentimiento no dejara respirar, estaríamos rodeados de cadáveres…), con el propietario del club, con los jugadores, pero sobre todo con el gordito relleno licenciado en Económicas en Yale, auténtico factótum de la revolución del equipo, aunque, claro, carece del glamour y la preciosidad de Brad Pitt, así que se queda en segundón.

El director Bennett Miller nos interesó mucho hace unos años con su muy notable biografía Truman Capote, una mirada espléndida sobre el controvertido escritor norteamericano; en esta Moneyball: Rompiendo las reglas hay que reconocerle el buen pulso cinematográfico, pero su película tiene un pecado original: lo que nos cuenta no interesa más que a la afición beisbolista de su país (y a los cuatro o cinco que les gusta este deporte en otras naciones), y poco más. Si el primer pecado de un cineasta es aburrir, Miller es un gran pecador, al menos en esta ocasión.

Pitt compone con sus reconocidas tablas este personaje real, Billy Beane, un tipo más bien desagradable, arrogante y de malas pulgas, como un Risto Mejide con la cara de Paris Alejandro.

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133'

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Moneyball: Rompiendo las reglas - by , Feb 09, 2012
1 / 5 stars
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