Película: Monstruoso

Las nuevas tecnologías, y sobre todo su democratización, está haciendo nacer un nuevo género o subgénero, aquél que imita la filmación que hace el mortal de a pie con su camarita de DVD o el reportero de tele local con su cámara algo más sofisticada. Seguramente la película que inició esta tendencia fue El proyecto de la bruja de Blair, lanzada con una inteligentísima campaña a través de Internet, en una época, a finales del siglo XX, en la que la red de redes era todavía poco más que una redecilla…


En ese mismo género o subgénero, al que podríamos llamar “reality film”, por analogía con el “reality show”, puede inscribirse nuestra REC, de Jaume Balagueró y Paco Plaza, y ahora este Monstruoso, que también se ha lanzado aprovechando Internet, ahora ya con todo el omnímodo poder que la World Wide Web posee en el mundo, en una estrategia publicitaria que, sin duda, supone gran parte del éxito comercial que está teniendo este filme de J.J. Abrams. Y digo “de” Abrams porque, aunque el director es Matt Reeves (de oscura carrera televisiva), el fautor a todos los efectos, como todo el mundo sabe, es el famoso productor de series de culto como Perdidos.


Monstruoso tiene, sin embargo, algunos talones de Aquiles: el primero, más de un cuarto de hora inicial en el que el personaje que supuestamente filma toda la película desde su camarita de aficionado se dedica a grabar a los asistentes a la fiesta de despedida (se va a Japón de vicepresidente de algo: dada su juventud y pinta, debe ser vicepresidente de un kiosko de prensa…) de un amigo, donde saldrá a la luz el romance y posterior ruptura de ese chico con otra joven. Esos casi veinte minutos iniciales de inanidad suponen prácticamente la cuarta parte del metraje del filme, y pesa lo suyo: si hay películas que terminan en anticlímax, ésta se puede decir que empieza y continúa un buen rato en ese tono, sin dar al espectador nada a que agarrarse, porque lo menos que espera el público es que le cuenten chorraditas de pareja, de si te quiero o no te quiero, cuando se supone que esta película lo que ofrece es acción a raudales.


Otro de los errores de la película es hacer que el monstruo (y los monstruitos anexos, que son casi peores que su papá…) “cante” en todo momento como bicho extraído del disco duro de un ordenador; nunca da sensación de verosimilitud, sino de mamarracho imaginado por los guionistas y llevado a la pantalla con no demasiada fortuna. Sin embargo, es cierto que otros elementos sí están bien conseguidos: la destrucción que provoca el monstruo de marras, en el contexto de una Nueva York que se ve muy real (aunque sea reproducida en decorados o en las entrañas del PC), consigue una notable sensación de realidad, de verismo, a lo que sin duda ayuda la visión subjetiva que aporta ininterrumpidamente la cámara “amateur” que supuestamente graba todas las escenas.


Algunas secuencias consiguen impactar profundamente: la primera, en la azotea, cuando proyectiles que no son sino cascotes de la ciudad, avanzan hacia los protagonistas, que aterrorizados buscan refugio en su edificio; la de los túneles del metro, jugando con la oscuridad y la cámara con visión nocturna; y, sobre todas ellas, la de la cabeza de la Estatua de la Libertad cayendo pesadamente al lado de los personajes, en una escena de evidente significado conceptual.


Claro que, por otra parte, el argumento propiamente dicho no se sostiene: el hilo romántico se mantiene durante toda la trama, con el chico, un Orfeo vestido de Armani, que busca a su Eurídice en el aerodinámico Hades de un edificio medio derrumbado; las explicaciones sobre el origen del monstruo y su recua de bichitos con más mala leche que Hitler no dejan de ser meros balbuceos, cuando no suposiciones disparatadas. Claro que eso es lo de menos, y seguramente puede ser incluso un tanto a su favor: qué más da de donde haya salido el monstruo, con esa pinta de cruce entre Godzilla y Alien. Lo importante es el juego que da, al menos en cuanto a sus consecuencias, y en ese sentido el resultado es aceptable.


Otra cosa es que, además del considerable esfuerzo hecho para representar esta especie de Apocalipsis neoyorquino (que por momentos recuerda, ¡oh, memoria!, las imágenes del escalofriante 11-S), se hubieran estrujado algo más las meninges para que la historia que se nos cuenta tuviera algo más de chicha. A lo mejor, de esa forma, a la segunda semana la película no se estaría desinflando en taquilla como un “soufflé”…


 


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85'

Año de producción

Monstruoso - by , Sep 16, 2015
2 / 5 stars
Está naciendo un subgénero