Película: Ni una palabra Parece que hay que enterrar al policíaco clásico, al buen cine de intriga hecho a base de un guión bien construido, unos personajes creíbles y un clímax argumental que sabe enganchar al espectador. Desde los años noventa, y muy en concreto desde la excelente “El silencio de los corderos”, las pantallas se han ido llenando de relatos y protagonistas retorcidos que parecen encontrar en los guionistas el afán de lograr un “más difícil todavía”.
“Ni una palabra” es un ejemplo más de lo que decimos. Partiendo de una situación tan conocida como el secuestro de una niña y la lucha de su padre por rescatarla, la historia va introduciendo toda clase de variantes que enrarecen la línea inicial y buscan el efectismo, el morbo, la sorpresa o el impacto como armas para llegar al público. Con una violenta secuencia inicial muy bien rodada (pero perfectamente prescindible en el desarrollo argumental), la dirección de Gary Fleder insiste en la línea truculenta que ya nos mostró en su anterior “El coleccionista de amantes”, renegando del mayor clasicismo de su primer film, “Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto”.
El guión abre demasiadas líneas: los atracadores luego convertidos en secuestradores, la esposa inmovilizada, el ambiguo colega médico, la inspectora que sigue otros casos y, como plato fuerte que no podía faltar, la joven catatónica que tiene en su enfermo cerebro la clave para desentrañar todo el misterio.
Producto comercial y efectista, hay que reconocerle la habilidad necesaria para mantener el interés, aunque sea a base de tópicos que van desde lo más blando (la ñoña escena del doctor con su hija, para que veamos cuanto se quieren) a lo más exagerado (como la secuencia final en el cementerio, con la muerte del villano).


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117'

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Ni una palabra - by , Jul 10, 2008
1 / 5 stars
La truculencia, como estilo