Película: No, o la vana gloria de mandar

El portugués Paulo Branco, conocido en España fundamentalmente por ser el productor habitual de las películas de las últimas décadas de Manoel de Oliveira, había participado como productor asociado en algunos títulos producidos por Gerardo Herrero, Mientras haya luz  y Caídos del cielo. En compensación amistosa por esa participación, Tornasol coproduce, junto a la lusa Madragoa y la francesa Gemini, una peculiar incursión del maestro portugués en el cine histórico, No, o la vana gloria de mandar, un acercamiento del entonces octogenario cineasta a varios momentos históricos de la vida de su patria.
 
De Oliveira plantea la película desde la perspectiva de un destacamento de soldados en la Angola colonial, en 1974, poco antes del 25 de Abril, el día en que estalló la Revolución de los Claveles que acabó con medio siglo de dictadura. En ese momento histórico, y mientras son trasladados a través de las carreteras polvorientas trazadas sobre la selva angoleña, varios militares, oficiales y suboficiales, matan el tiempo hablando de la mala suerte histórica de Portugal, de cómo en los momentos cruciales el azar se cruzó en su destino y dio al traste con la esperanza de una mejora política y económica; así sucedió en el frustrado intento de reunificación de las coronas de Castilla y Portugal, en plena Edad Media, que hubiera consolidado, junto a la Aragón que estaba a punto de unirse también, un único reino cristiano en la Península Ibérica; pero la ocasión histórica, llegada de la mano de la boda entre un príncipe luso y una infanta castellana, se fue al traste al morir el primero en un estúpido accidente. Ello como uno más de los incidentes que han jalonado la historia portuguesa, que es también la historia de los que medran por el poder (como en todo el mundo, por cierto).

Para los no habituados al cine de Manoel de Oliveira, No, o la vana gloria de mandar, puede resultar un filme chirriante: los personajes principales, montados en la parte trasera del camión de transporte militar, se expresan de una forma que, ni de lejos, se aproxima a cómo lo harían realmente los auténticos militares a los que se supone encarnan. Pero, claro, a De Oliveira no le interesa la verosimilitud ni la credibilidad, ni siquiera mantener una cierta ficción de realismo: le llama la atención poner en boca de los mismos militares que desalojarían del poder al enquistado gobierno de Marcelo Caetano, las palabras que hubiera utilizado un historiador en una conferencia; la impresión ante lo que vemos, la soldadesca, aunque sea con galones, hablando de temas de alta enjundia intelectual, el devenir histórico del pueblo y el estado luso, en vez de los habituales chistes groseros que cabría esperar de la situación, produce una cierta esquizofrenia en el espectador, lo que, dicho sea de paso, parece ser lo que buscaba el director.

Película extraña y desasosegante, supone una visión crítica y desprejuiciada sobre cualquier clase de poder, pero sobre todo del poder político, tan ensimismado en sus conveniencias que con frecuencia no distingue su propio interés del de aquel pueblo al que debería servir. Tan raro era su tema, y, sobre todo, la forma de exponerlo, que se puede considerar lógico que no tuviera una buena carrera comercial, y ni siquiera llegara a estrenarse en Madrid, aunque sí tuvo una apreciable trayectoria en distintos certámenes, entre ellos el de Cannes.



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110'

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No, o la vana gloria de mandar - by , Jan 12, 2015
3 / 5 stars
Los soldados filósofos