Película: Ocho apellidos vascos Borja Cobeaga es un guionista y director cuyo mayor logro, hasta ahora, había sido la serie televisiva de la ETB (la televisión pública vasca) Vaya semanita, una divertidísima sitcom que se mantuvo en el mando a distancia de la tele desde 2003 hasta 2012, con una breve coda en 2013. Eso por no citar, como es habitual en estos tiempos de redifusiones, las múltiples emisiones que se han vuelto a realizar en canales varios, ya a nivel español, e incluso su permanente disponibilidad en YouTube. Aquel serial se reía a modo de todos los tópicos de la sociedad vasca, incluso de aquellos más vidriosos, como los que tienen que ver con el mundo abertzale e incluso con los del terrorismo de ETA.

Cobeaga ya dio el salto a la dirección para toda España en películas de cine como Pagafantas y No controles, que sin embargo no tuvieron la misma repercusión que aquel serial vasco. Ahora, con buen criterio, en el nuevo proyecto en el que se ha embarcado, junto con su colega (su lagun, habría que decir, ya que estamos con el tema euskaldun) Diego San José, también co-creador de Vaya semanita, ha cedido los bártulos de dirigir a Emilio Martínez-Lázaro, que tiene más que acreditado su buen oficio en esta tarea, y han perpetrado entre todos este Ocho apellidos vascos que durante el primer fin de semana ha reventado la taquilla española; nada más que por eso ya merecería la película el respeto que muchos le han perdido, como siempre, considerando que si funciona en taquilla no puede ser buen cine, en uno de esos lugares comunes tan frecuentes en cierta crítica instalada (en la inanidad mental, habría que añadir…).

Hombre, claro que Ocho apellidos vascos no es una exquisitez; hombre, claro que está plagada de tópicos; hombre, claro que es una comedia de enredo al uso. Pero también, hombre, claro, que juega a placer con esos tópicos que conforman su esencia, riéndose de ellos: de los andaluces, por supuesto, pero sobre todo de los vascos, lo cual tiene un mérito especial teniendo en cuenta que sus fautores (Cobeaga y San José) son donostiarra e irundarra, respectivamente. Con esta película se ha conseguido a nivel cinematográfico lo mismo que con Vaya semanita en clave televisiva: reírse de nuestros propios tópicos, jugar con ellos para divertirnos, para verlos como lo que son, una sarta de majaderías que nos dividen, cuando, como decía Rosa León, “la frontera separa tu hambre y la mía”.

Divertida hasta hacer llorar de risa, Ocho apellidos vascos funciona en tanto que los continuos gags de este sevillano tópico teniendo que hacerse pasar por abertzale más tópico todavía están enhebrados con acierto, con buen tono de guión y diálogos chispeantes; seguramente será apreciada más en Andalucía y en Euskadi, porque los tópicos de los que se ríen son muy localistas, aunque en general se puede seguir con facilidad: no hay nada más localista que el western, y ya ven si tuvo una repercusión mundial…

Así que bienvenida (vale: ongi etorri) esta muestra de comedia que cruza las tonterías del más rancio sevillanismo con las majaderías del mundo abertzale para hacernos pasar un rato de lo más divertido. El (los) pueblo(s) que no sabe(n) reírse de sí mismo(s) no llegará(n) muy lejos; en este sentido, el hecho de que el espeso magma batasuno haya abominado del filme no hace sino confirmar su acierto; sólo falta que los capillitas sevillanos, los señoritos de la gomina, los pijos del barrio de Los Remedios también la pongan a parir, para ratificar que Ocho apellidos vascos ha dado en la diana…

En el apartado interpretativo me quedo con la desfachatez de Dani Rovira, en su primera aparición en la gran pantalla, aunque en la pequeña ya tiene cierta experiencia. Rovira tiene mérito por varias circunstancias: por, siendo malagueño, interpretar a un tópico sevillano que, además, imita a un vasco de la Euskadi profunda. Siendo un gagman, tiene ya un cierto camino recorrido, pero interpretar, ni siquiera en clave de comedia, no es hacer un monólogo, y este cachondo actúa de forma impecable y es el alma de esta película disparatada; Clara Lago tiene mérito también, una madrileña haciendo de hosca vasca de imposible flequillo cortado con hacha (como dice el protagonista en uno de sus desternillantes diálogos); Karra Elejalde es el que lo tenía más fácil, un vasco haciendo de vasco, aunque según parece le pidieron que remarcara aún más su ya evidente acento aborigen, resultando ser, como ya sabíamos, un estupendo actor de comedia. Carmen Machi también está muy bien, pareciendo que, por fin, deja atrás el personaje de Aida que la marcó durante demasiado tiempo.

Lo dicho: no es una joya, pero sí una película apreciable, que nos permite reírnos de nosotros mismos: no es poco bagaje, no...

Género

Nacionalidad

Duración

100'

Año de producción

Trailer

Ocho apellidos vascos - by , Mar 23, 2014
3 / 5 stars
Vaya peliculita