Película: Ojos de fuego La novela “Ojos de fuego” refleja con claridad la aversión que las agencias paralelas de inteligencia despiertan en Stephen King. Aunque parte de esa aversión se ha quedado en el camino en la adaptación al cine, no se puede decir que el filme de Mark L. Lester carezca de interés. Y eso que no era éste quizá el realizador que podía haber sacado más rendimiento a la historia, sobre todo porque sus créditos están abrumadoramente dedicados a la violencia juvenil, y ésta es más una historia en la línea de “Carrie”, como si la protagonista de la primera novela kingiana hubiera rejuvenecido seis o siete años y viajara con su padre a través de Estados Unidos perseguidos por la pérfida agencia estatal de turno. No es una película realmente relevante, sobre todo porque no le saca partido a la insania del poder establecido intentando poner a su servicio a seres humanos con capacidades que no han pedido y que, incluso, les han sido insufladas por el propio poder. Esa aversión hacia el Sistema, tan presente en King, pasa un tanto desapercibida en la película, donde Lester se entretiene más en los fuegos artificiales (en este caso literales…). Con todo, precisamente en ese apartado es donde están los mejores momentos, con secuencias bien resueltas, como el acoso de los agentes a la casa donde se han refugiado los protagonistas, donde se va destapando progresivamente el poder de la niña hasta convertir la zona en un infierno. O en las pruebas a las que somete la siniestra agencia gubernamental El Taller (por cierto, una traducción al español harto discutible en la película, pues el original es The Shop, traducido en la novela muy correctamente como La Tienda) a la niña protagonista, Charlie, donde de nuevo la gradación está obtenida con cierta sutileza, con independencia de que sea bastante efectista. Y, por supuesto, en la traca final, un dantesco infierno desatado por la pequeña, filmada por Lester como un Júpiter Tonante en versión femenina, como una Venus virginal e infantil lanzando rayos, bolas de fuego y llamaradas, exterminando a diestro y siniestro, en una orgía de sangre y fuego filmada como una gigantesca falla, donde se presiente por un momento la misma sensación apocalíptica que invade la escena de “Carrie” en la fiesta de fin de curso. Porque, de nuevo, en esa escena hay una clara semejanza con la primera novela (y película) kingiana, la devastadora liberación de los poderes de ambas heroínas contra los que las habían atacado cruelmente. Esta Carrie rejuvenecida, sin embargo, finaliza, tanto en literatura como en cine, de forma bastante más feliz, como si King y Lester apostaran por la prensa libre como antídoto para los desmanes del gobierno: el cuarto poder como remedio contra la opresión del primer poder. No llegan mucho más allá los méritos de “Ojos de fuego”. Tal vez el papel interpretado por George C. Scott, el indio asesino "Pájaro de fuego", sea de los más atractivos, un mercenario de aura imbatible, un hombre sin escrúpulos que desea hacerse con la niña para, al matarla, beber de su poder y llevarse esa capacidad al otro mundo, cuando le llegue el momento. Su sinuosidad y facilidad para hacerse amigo de la cría le confiere ese toque especial de los villanos que son capaces, también, de mostrar su parte más humana, aunque sea un mero efecto cosmético. Los demás personajes son mucho más estereotipados, de una pieza, en papeles escasamente perfilados. No digamos entonces el pobre recurso de denotar que la chica entra en trance para la pirocinesis (facultad de prender fuego a distancia) usando el viejo truco del pelo movido por un viento inexistente, una forma muy tópica de dar el toque sobrenatural que en su prodigiosa facultad, obviamente, existe. Con un tono bastante plano en general, “Ojos de fuego” pierde en la atonía de su director lo que tenía ganado en el texto original.

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109'

Año de producción

Ojos de fuego - by , Jan 19, 2007
2 / 5 stars
Carrie rejuvenece