Película: Open Windows Soy de los que tienen debilidad por los experimentos cinematográficos, por los “tour de force” formales; cabe recordar experiencias como la cámara subjetiva permanente de La dama del lago, la primera película como director del actor Robert Montgomery, toda ella estaba rodada desde la visión del protagonista; o, quizá en el ensayo más famoso que se haya hecho en este sentido, Hitchcock hizo con La soga una película en una supuesta única toma; bueno, tenía truco: como la tecnología de la época no permitía rodar más de nueve o diez minutos de una tacada, rodó una docena de planos y disimuló los cambios de rollo de la cámara tomavistas con movimientos sobre las espaldas de los personajes y artimañas similares.

En este sentido, Open Windows nos gana por su osadía: ahí es nada mostrar toda una película desde la pantalla de un ordenador, abriendo tantas ventanas como sea necesario para contar la historia a través de las diversas cámaras que un portátil de última generación es capaz de captar y reproducir. En ese esfuerzo ya hay un trecho ganado en cuanto a seducir al espectador, aunque también requiere de éste un esfuerzo superior al habitual, más pasivo, de otros filmes.

Un fan irredento de la protagonista de un (infecto, es cierto) serial televisivo ha ganado una cena con su idolatrada actriz; mientras espera en su habitación del hotel para ir a encontrarse con la bella, una llamada en su portátil le introducirá, sin que se dé cuenta, en una espiral cada vez más complicada y peligrosa, en la que pasará de ser inducido al voyeurismo a cómplice involuntario de sesiones de tortura y extorsión.

Claro que una cosa es el empeño formal, técnico, de contar toda una historia a través de la pantalla de un ordenador y sus múltiples ventanas, y otra cosa es que la historia funcione y tenga coherencia. Se puede decir sin faltar a la verdad que los dos primeros tercios de la película funcionan de forma más o menos verosímil, con cierta coherencia dentro de lo disparatado del planteamiento, pero a partir del último tramo la historia entra en el delirio, para, según la moda imperante, dar un par de sorpresivos giros de guión que, lo diremos pronto, están pillados por los pelos y resultan llamativamente incongruentes.

Así las cosas, queda el esfuerzo titánico de montar una película de estas características, si bien no es la primera vez que Nacho Vigalondo hace una historia cogida con alfileres: véase su opera prima, Los cronocrímenes, tan imperfecta como, a la postre, estimulante.

Podría verse, y se ha comentado así, esta Open Windows como una versión actualizada y libérrima de La ventana indiscreta, también del gran Hitch. Hombre, las diferencias argumentales son evidentes (no digamos ya las de calidad…), si bien es cierto que en ambas hay un tema recurrente que las vincula, el voyeurismo, ese asunto con tan mala prensa pero en el que, al final, todos estamos más o menos concernidos: ¿qué es sino un voyeur el que se solaza viendo historias que les pasan a otros, en cualquier película, telefilme o serie? ¿No es la visión de una película, por muy ficción que sea, lo más parecido a mirar por el ojo de una cerradura, o por una ventana desde la seguridad de tu casa, o desde la oscuridad de la sala de cine? Sobre este aspecto no profundiza en exceso el filme, dejando que el protagonista, abocado a este tema, no llegue demasiado lejos, quizá temerosos los productores de posibles calificaciones restrictivas de la MPAA, la muy gazmoña calificadora cinematográfica (lo más parecido a una censura) norteamericana.

Open Windows resulta, entonces, un experimento con aciertos parciales (resulta plausible su presentación a través de la omnipresente pantalla del portátil del protagonista) pero que en conjunto tiene más errores de los deseables. Es cierto que, sobre todo en la primera parte, consigue una tensión apreciable, aunque después desvaríe hacia territorios improbables y la verosimilitud sea la primera víctima. Tiene detalles curiosos, como los hackers con los que conecta el protagonista, cuyo líder parece el sobrino tonto del protagonista (tonto) de La cena de los idiotas, o guiños al espectador como el hecho de que el personaje central se llame Nick, que es también como se denomina, en cuestiones cibernéticas, el apodo de los internautas al logarse en cualquier página.

Elijah Wood parece haberse implicado a fondo en la historia, y aunque con frecuencia nos ofrece su habitual cara de asustado, que tanto le funcionó en la trilogía de El Señor de los Anillos, también es verdad que aquí presenta matices, sobre todo en la última parte de la película, que no estamos acostumbrados a verle. Además es uno de los productores ejecutivos, lo que confirma su complicidad en el proyecto. Sasha Grey, en su reciclamiento como actriz “normal” (por decirlo de alguna forma) desde su anterior carrera como actriz porno, también es verdad que no tiene un papel en el que se pueda decir que pueda demostrar sus dotes interpretativas: habrá que seguirla en esta nueva etapa.

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100'

Año de producción

Open Windows - by , Jul 11, 2014
2 / 5 stars
Las ventanas indiscretas