Película: Origen Creo que tengo más que acreditado mi aprecio por Christopher Nolan; vea el lector, si no lo tiene claro, las calificaciones de las críticas de sus películas en CRITICALIA: Memento está calificada con cinco estrellas, El Caballero Oscuro y El truco final (El prestigio) con cuatro, e Insomnio con tres. Sólo Batman begins suspende, con dos estrellas. Así que si ahora les digo que me ha decepcionado este Origen que prometía nuevas y elevadas cotas en el cine nolaniano, no se me podrá tachar precisamente de contrario a su obra. ¿Dónde está la clave, entonces, para que (artísticamente hablando), Origen no funcione adecuadamente? A mi entender, el problema radica en la dificultad para hacer que esta historia tan compleja sea accesible para cualquier público medio, incluso inferior a medio. Con una muchimillonaria inversión, la necesidad de llegar a todos los públicos (aunque sean adultos) era perentoria, y entonces Nolan y su guionista (su hermano: para qué irse más lejos si con él se entiende perfectamente, como han demostrado con anterioridad) parece que han tenido que bajar el listón de la comprensión con un exceso de verbalización que, curiosamente, a ratos funciona a la contra, haciendo más ininteligible la ya de por sí compleja trama.

La historia se las trae: tenemos a un equipo cuya profesión es una de las más antiguas del mundo: son ladrones, si bien el objeto de su latrocinio es más que peculiar: roban ideas, guardadas bajo siete candados en los subconscientes de otras personas. Para conseguir sus objetivos con frecuencia han de utilizar dobles niveles (un sueño dentro de otro sueño), para poder tumbar las defensas de sus incautas víctimas. Cuando fallan en uno de sus golpes, el equipo se da cuenta de que está perdido, pues sus clientes no les perdonarán el error, y estos clientes no se andan con chiquitas, así que asumen una dificilísima tarea: se trata de implantar una idea, en vez de extraerla, en la mente de un rico heredero. El líder intuye entonces la posibilidad de enderezar su maltrecha vida personal y recuperar a su familia, aunque para ello tenga que afrontar lo más parecido a un triple salto mortal sin red: establecer tres niveles de sueño (un sueño dentro de un sueño y dentro de otro sueño). La idea es fascinante; su realización, no tanto. Es verdad que tiene escenas espléndidas, como las que tienen lugar en el segundo nivel del sueño mientras la furgoneta donde viajan los ladrones de ideas cae, lentísimamente, hasta un río; en la escena que esos mismos personajes ejecutan en el primer nivel del sueño, sus movimientos están predeterminados por la casi ausencia de gravedad de esa caída a cámara lenta, dando lugar a una extrañísima coreografía de contorsionistas cuerpos volantes, de paredes que se convierten en suelos y techos en paredes, en una secuencia impactante por su rara hermosura visual. Pero bellezas como esa no salvan una historia confusa a fuer de demasiado explícita, verbalmente farragosa y conceptualmente enmarañada.

El hecho de que haya reventado las taquillas, en su país y en el resto del mundo (ya se sabe que una cosa normalmente lleva a la otra), quizá tenga que ver con una magnífica campaña publicitaria, además de por la rara fascinanción que, sin duda, la historia produce en el público, con independencia de que se entienda, o no (más bien esto último). No seré yo el que abjure de Nolan por un error (artístico, insisto; comercialmente ha sido un bombazo) como este. Creo que es uno de los cineastas más interesantes del actual panorama en Estados Unidos, con un tema recurrente (el de la memoria, de nuevo aquí con ropajes distintos: la capacidad de instalar ideas, y por tanto recuerdos, en la mente del otro) con muchísimas posibilidades temáticas y argumentales. Pero nunca insistiré suficientemente en que la posición del crítico ha de ser siempre "in vigilando", nunca entregada: si esta vez Nolan no ha dado en la tecla (y no ha dado, según mi parecer), no podemos reirle la gracia, porque no la tiene. Reservemos los ditirambos para cuando la gente del cine la merezca. Cuando no sea así, digámoslo, porque es la única forma de que no vuelvan a incurrir en los mismos, fatales errores.

Un estrambote para los actores: me gusta aquí DiCaprio, sobre todo porque (los seguidores de CRITICALIA lo saben) aunque no es santo de mi devoción, sin embargo se adapta razonablemente bien a su personaje atormentado y no sobreactúa; es posible que parte del mérito radique en la dirección de actores de Nolan, que ha sacado lo mejor de gente como Al Pacino, Christian Bale, Heath Ledger o Hugh Jackman, pero no le vamos a regatear el reconocimiento al bueno de Leo. Marion Cotillard afronta con serenidad su personaje, quizá el más jodido de todos, la mujer cuyo ectoplasma amarga la vida del protagonista, y, a la postre, desencadenará el desenlace. Cillian Murphy está bastante bien, alejándose de los personajes más o menos estrambóticos que parecían marcarle. Aunque para jodido, lo peor quizá sea ver a Tom Berenger de altísimo ejecutivo sesentón: aquel muchacho que vimos en Los primeros golpes de Butch Cassidy y Sundance, ya peina canas, cielos, aunque sean plateadas...

Origen - by , Aug 16, 2010
2 / 5 stars
Decepción