Película: P, la semilla del mal El género de terror a la japonesa, iniciado en los años noventa a partir del éxito de “Ringu”, ha contaminado a otras cinematografías, como la tailandesa, como ocurre en esta “P, la semilla del mal”, indigesto plato cocinado desde su dirección por un mediocre actor británico, Paul Spurrier, metido a realizador con un par de títulos de nulo relieve. Spurrier, autor también del guión, de la música y montador él mismo de la película, se convierte de esta forma en el responsable (he estado por escribir culpable…) máximo, sin excusas, de este filme que pretende jugar con las telúricas deidades primordiales de las tierras tailandesas, mezclándolas con las sevicias a las que se ve sometida una chica de pueblo con mala fama por ser su abuela una especie de bruja; cuando la pánfila marcha a Bangcock a trabajar a un club de alterne para pagar las medicinas de su abuelita (parece enteramente el cuento de Caperucita con un toque adulto…), el “schock” que padece cuando tiene que emplearse como prostituta, mezclado con sus conocimientos de magia y su utilización perversa, dará como resultado la creación de un monstruo que mata a cuantos considera responsables de su penosa situación.
Pero Spurrier no es precisamente un cineasta exquisito, y la película se arrastra durante casi dos horas para apenas ofrecer nada más allá de la sucinta sinopsis argumental que hemos comentado. El monstruo de marras es enteramente igual al que ha popularizado el terror japonés desde “Ringu”, con su niño (en este caso adolescente) con greñas imposibles, ojos en blanco y algunos efectos especiales para parecer que sale del otro mundo en lugar del camerino, y poco más. Así las cosas, esta plasta aporta bien poco, como no sea la percepción de que en Tailandia también copian, como en cualquier otro sitio, lo que crean en otras cinematografías. Manifiestamente prescindible.

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110'

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P, la semilla del mal - by , Aug 03, 2007
1 / 5 stars
La mirada contaminada