Película: Pacific Rim Tengo afecto por Guillermo del Toro, o por mejor decir, por su cine. Me encantó su primigenia Cronos, que desvelaba un notable talento para el cine fantástico, pero metió la pata en su debut en Hollywood con Mimic. Después intermitentemente ha vuelto a reeditar su calidad, curiosamente casi siempre en sus filmes producidos en España, como El espinazo del diablo y El laberinto del fauno, mientras que en sus empeños yanquis, como Blade II y el díptico Hellboy (que ahora amenaza en convertirse en trilogía, a pesar del fracaso comercial de sus antecesoras) siempre parecía que las megaproducciones se comían su capacidad creativa.

Con Pacific Rim da la impresión de que Del Toro ha querido revisitar uno de los personajes de nuestra niñez o juventud, el robot Mazinger Z de la homónima serie televisiva japonesa, que deleitó aquellos nuestros años de inocencia, aunque vista con perspectiva hay que reconocer que era más mala que pegarle a un padre con un calcetín sudado de tres días. Pero las querencias de juventud, ya se sabe, se quedan magnificadas en las mientes, incluso en gente con la cabeza bien amueblada como este gordinflas con tendencia al cine fantástico y de terror y, subsidiariamente, de acción, de todo lo cual tiene este fiasco.

Porque no se puede llamar más que fiasco a una producción que ha costado la friolera de ciento ochenta millones y que en el momento de escribir esta crítica, cuando prácticamente ha agotado su explotación en el mercado yanqui-canadiense, apenas ha recaudado la mitad de esa cifra.

Y lo curioso es que, en este caso, Del Toro no puede decir que su tarea ha sido la del profesional que ha realizado el trabajo que la productora le ha encomendado, porque además de director es coguionista. Pero ciertamente era un disparate acometer un proyecto como éste, en el que se presenta una situación en la que el mundo está en guerra contra una serie de monstruos del tamaño del Empire State Building, surgidos de una falla en el fondo marino, al parecer unos extraterrestres que pretenden acabar con el ser humano para esquilmar la Tierra y apoderarse de ella. Contra esos bichos de tamaño “king size” al género humano sólo se le ocurre oponerle unos robots, también gigantescos, manejados desde el interior por una pareja cuyas mentes han de converger para que el robot funcione armónicamente y pueda enfrentar con garantías a los malos de la peli. Por supuesto, los malos cada vez son más malos y más difíciles de vencer, y la Tierra se encuentra al borde del Apocalipsis, a la espera de que llegue el Séptimo de Caballería (o su sucesor…).

Es evidente la influencia en el filme no sólo de la mentada serie Mazinger Z, sino también de toda la serie de películas sobre Godzilla (o Gojira, que así le llamaban en el país del sol naciente) y otros bichos de semejante jaez, que el cine japonés realizó con una fruición digna de mejor causa durante los años cincuenta y sesenta, e incluso el cine norteamericano homenajeó en su Godzilla, de Roland Emmerich; también hay que rastrear las evidentes huellas de la serie Transformers. Por tener influencias, las tiene hasta de la serie televisiva de moda, The Big Bang Theory, con dos científicos que no se sabe sin son más tontos que frikis, o viceversa, y que enteramente parecen los primos casposos de Sheldon & Co.

Pero lo cierto es que Pacific Rim no termina de encontrar nunca su tono: los diálogos son infumables, el tono patriotero, elemental e infantiloide (sin pretenderlo, que es lo peor…), los personajes carecen de entidad, por más que los guionistas intenten fabricarle cierto pasado, y los actores son penosos (salvo Ron Perlman, que le basta con poner su peculiar careto para comerse con papas al resto de intérpretes). Es cierto que los efectos especiales son solventes, pero eso se da por supuesto a estas alturas y con estos niveles de producción; a pesar de ello, la insistencia en que las luchas entre los robots y los monstruos tengan lugar de noche o en condiciones de escasa visibilidad parece evidenciar que Del Toro no confiaba demasiado en la verosimilitud de sus efectos visuales y digitales.

Alguna vez habrá que escribir sobre la epidemia de gigantismo que asuela el cine norteamericano: no hay película de acción fantástica que se precie en la que no aparezcan personajes, o monstruos, o máquinas, o robots, de tamaños imposibles, cada vez más grandes. No, si al final va a resultar que el tamaño sí que importa…

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132'

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Pacific Rim - by , Aug 13, 2013
1 / 5 stars
Mazinger Z a lo bestia