Película: Pájaros de papel Vaya por delante que Emilio Aragón me cae bien: nacido en una familia de la farándula, la de la dinastía Aragón que tuvo en Gaby, Fofó y Miliki sus principales valedores, y que en la década de los setenta triunfaron de forma clamorosa en televisión con su programa Los Payasos de TVE, que marcaron a toda una generación con sus canciones y pantomimas, el joven Emilio se convirtió pronto en el quinto payaso del grupo (tras su primo Fofito, con el que después ha tenido espectaculares desencuentros), entonces con el nombre de Milikito, del que lamentablemente abjuró demasiado pronto.

De aquel augusto (ya saben, el payaso de circo con nariz roja, en contraposición al clown, que es el payaso señorito) que componía cuando tenía más acné que sesera pasó, casi sin solución de continuidad, a presentar y dirigir programas de humor como aquel antediluviano Ni en vivo ni en directo, donde empezó a observarse un cierto talento para la comicidad no estrictamente circense. Cuando la eclosión de las televisiones privadas se dedicó inicialmente a programas de variedades, como Noche, noche, VIPS o El gran juego de la oca, para descubrir a mediados de la década de los noventa el filón de la telecomedia con Médico de familia, convirtiéndose en una serie de referencia en la televisión de la época. Ya entonces había creado su productora Globomedia, barruntando, con buen olfato de hombre de negocios, que el futuro estaba en la producción privada que exteriorizara las series, programas y telefilmes de las televisiones españolas, ya fueran públicas o privadas, nacionales o autonómicas.

Globomedia se convierte pronto en una productora de primera línea, con grandes éxitos como Los hombres de Paco o Aida, y el propio Aragón vuelve a dirigir y protagonizar algunas series, como Javier ya no vive solo, aunque no consigue reeditar el éxito de Médico…. Paralelamente, su poder e influencia en los medios audiovisuales sigue en ascenso, hasta el punto de que, al fundarse la cadena de televisión La Sexta, en 2006, es nombrado presidente del canal. Así las cosas, Aragón me parece un hombre ambicioso, en el buen sentido del término, que ha sabido labrarse una muy sólida posición de poder desde un inicio ciertamente humilde (aquel “look” de payaso que cultivó en sus primeras intervenciones, claramente inspirado en Harpo Marx). No es extraño entonces que haya vuelto al cine, donde tuvo una aislada incursión en la década de los ochenta con Policía, donde actuaba pero no dirigía.

Ahora, con esta Pájaros de papel debuta en la dirección cinematográfica, aparte de guionizarla, componer su música y producirla. Pero no parece sino que estamos ante una especie de capricho del magnate, un filme de cine, algo ajeno en general a su vida como hombre del audiovisual (salvo la citada Policía no hay otras intervenciones relevantes de Emilio Aragón en cine), pudiéndose interpretar como ese antojo que, con frecuencia, acontece a la gente poderosa que gusta de engordar su ego. Porque Pájaros de papel carece de entidad real: es teatralizante, el guión es muy endeble y está lleno de lugares comunes, la dirección es (en el peor sentido del término) televisiva, y en vez de sentimiento aporta sentimentalismo, que es su opuesto y el inmisericorde verdugo de la auténtica emoción. Encima de todo, la historia es lunática, y da la impresión de que los guionistas intentan agradar con los tópicos habituales a los medios progres en los que se mueve actualmente Emilio Aragón (recuérdense: Mediapro, Público, La Sexta, todos ellos en la órbita más próxima al gobierno de Zapatero), con republicanos que parecen santos laicos y franquistas malísimos, con ese tono maniqueísta tan típico del cine “de tazón”, ese que intenta reflejar la Guerra Civil y la ominosa postguerra, pero ahora con los tintes cambiados con respecto a la versión patriotera y nacionalcatolicista que durante décadas ofreció el régimen de Franco.

Lástima de actores desaprovechados, como un Imanol Arias recuperado para la pantalla grande tras la inacabable serie televisiva Cuéntame cómo pasó, y sobre todo un Lluís Homar al que Almodóvar volvió a poner de actualidad a partir de La mala educación. Claro que, viendo el pequeño papel que el padre de Emilio Aragón, el gran Miliki, tiene al final del filme, y su carácter casi de testamento artístico, tal vez estemos ante ese último, sentido, comprensible homenaje de un hijo hacia su padre; claro que eso sólo lo puedes hacer si tienes la influencia necesaria para poder montar una producción de once millones de euros, cuando sabes positivamente que vas a recuperar esa inversión cuando las ranas críen pelo; o, dado el tema ornitológico del título de la película, cuando los pájaros tengan escamas…

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110'

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Pájaros de papel - by , Mar 20, 2010
1 / 5 stars
El ego del magnate