Película: Peace to us in our dreams

Sharunas Bartas es un cineasta consolidado en su país, Lituania. Rueda con asiduidad, y lo suele hacer en coproducciones internacionales que le permiten películas con aceptables dotaciones económicas en su presupuesto y le facilita también la exhibición en los países coproductores. Además de director, Bartas es guionista, actor, productor e incluso director de fotografía, lo que se dice un hombre orquesta.

Un hombre de mediana edad marcha a pasar unos días de descanso a una propiedad inmueble en el campo; van con él su actual pareja y su hija adolescente. Ya en la casa de campo, habrá cierta relación de algunos de ellos con una familia más bien desestructurada que vive no muy lejos; son, por una parte, dos personas mayores, que se llevan (literalmente) a matar, con un evidente caso de malos tratos del hombre a la mujer, y por otra el que parece su nieto, un adolescente con tendencias cleptómanas que, en su afán por el hurto sin medida, roba a una partida de cazadores un rifle con mira telescópica…

A raíz de esta Peace to us in our dreams (algo así como Paz para nosotros en nuestros sueños, que en español suena un poco redundante), se ha mentado el sacro nombre de Ingmar Bergman como referente o referencia de este filme, aunque me temo que es una comparación, como casi todas, odiosa.

Y no es que el filme lituano esté exento de interés: tiene buena factura, hay escenas que llegan, como las sucesivas conversaciones del paterfamilias con su pareja, con una mujer que aparece sorpresivamente en la casa y que no sabemos si es una ex o algún familiar (se admiten apuestas…) y con su hija. Algunas de ellas tienen auténtica enjundia, aunque es cierto que Bartas, como actor, transmite menos que un telegrafista manco, y que el tono reposado y monocorde con el que declama sus disertaciones (porque disertaciones son, como si fueran conferencias, qué tío…) resulta bostezante.

Lo malo es que Bartas se deja en el tintero muchas cuestiones que no aclara; apenas sabemos nada de los personajes, salvo que la novia parece tener algún problema psicológico, innominado, que la adolescente tiene la torrija propia de su edad, y poco más. A partir de ahí, la información es nula: no sabemos nada sobre la pareja mayor que se lleva fatal, ni por qué su (presunto) nieto tiene tendencias cleptómanas, ni qué relación hay entre éste y la hija adolescente del protagonista… y así otras muchas preguntas, que el guionista y director no se digna explicar ni sugerir, ni siquiera insinuar. La sutileza en cine es un valor apreciadísimo. Por el contrario, la cripticidad, que puede tener también su valor, tiene que contar con algunos signos que nos permitan interpretar o vislumbrar lo que se nos pretende decir. Nada de ello hay en este por lo demás bienintencionado filme, que deja algunas interesantes ideas, sobre todo para mentes en formación, a vueltas con la necesidad de dudar, incluso la obligación de dudar, la mejor vacuna contra el fundamentalismo de toda laya.

Bartas, como queda dicho, es un actor bastante limitado, o al menos así lo parece en este caso. Su hija en la realidad, Ina Marija Bartaité, que también interpreta el mismo papel en la ficción, apunta maneras. Klavdiya Korshunova, la novia, tiene un personaje difícil, porque no le dan claves para poder comunicarlo razonablemente.


 


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107'

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Peace to us in our dreams - by , May 07, 2016
2 / 5 stars
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