Película: Perdida

David Fincher, que se dio a conocer en el cine con Alien 3, un filme entreverado de ciencia ficción y terror, y después consiguió el éxito con la para mí sobrevalorada Seven, está llegando a ese punto en el que la madurez va comiendo terreno a anteriores superficialidades. Ahora va más al meollo de la cuestión, ha aprendido a narrar y a cautivar al espectador, y donde antes había hueco efectismo (la mentada Seven, pero también The game) o directamente naderías (la horrible La red social), ahora ya consigue interesar al espectador sin tirar de los torpes recursos a los que acudía en filmes anteriores.

Perdida es un intrigante thriller (perdón por la redundancia) sobre la vida de una pareja en la que ella, inopinadamente, desaparece un buen día. Al principio todo el mundo se vuelca buscándola, suponiéndose que ha sufrido un secuestro, hasta que ciertos indicios, cada vez más claros, apuntan hacia otro lado… No diremos más porque, evidentemente, y con independencia de que el buen cine no es sólo línea argumental, en películas como ésta conviene preservar la información sobre las diferentes vueltas de tuerca que van aconteciendo.

La película juega con diversos factores, pero el principal es la lucha de inteligencias. La pareja protagonista es cualquier cosa menos lela, y sus mentes privilegiadas buscarán la forma de conseguir sus objetivos a toda costa. Cuando manipular es algo más que un verbo, la cosa se pone fea, sobre todo si se es el objeto de esa manipulación.

Fincher narra con solvencia, con buen ritmo, esta historia que no tiene prácticamente un momento de pausa, sin por ello suponer que se caiga en la sobreexposición de una historia de giros argumentales sin rigor: es cierto que hay flecos, pero en este tipo de artilugios es prácticamente imposible cuadrarlo todo, y lo importante es que la sensación global sea (más o menos…) coherente.

Aunque no es habitual, en este caso ha sido un acierto que la propia autora de la novela original, Gillian Flynn, se haya hecho cargo del guión. Siendo una historia de muchos recovecos, la novelista ha sabido versionarla con mimo y sentido común, y el resultado es en cierta forma modélico. Fincher, afortunadamente, no se ha limitado a ilustrar pulcramente el libreto, sino que aporta su indudable capacidad visual y sus tablas como “metteur en scène”, como dicen los franchutes.

Ben Affleck resulta convincente como el marido al que el destino le depara una agria sorpresa. Pero la que está inmensa es Rosamund Pike, en uno de esos papeles que recuerdan a las vampiresas clásicas, divas de la talla de una Barbara Stanwick, una Lana Turner o una Veronica Lake, esas “malas” que, sin embargo, eran (no sé si este verbo copulativo es el correcto…) tan “buenas”. Recuerden la famosa frase lapidaria de Mae West: “cuando soy buena soy muy buena, pero cuando soy mala… soy la mejor…”.


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149'

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Perdida - by , Oct 17, 2014
3 / 5 stars
Lucha de inteligencias