Película: Planet terror No necesariamente los reyes Midas siempre convierten en oro todo lo que tocan. Recuérdese, por ejemplo, el costalazo de Spielberg con 1941, cuando era el rey del mambo, o de Cimino con La puerta del cielo tras el exitazo crítico y comercial de El cazador. Ahora es Quentin Tarantino, auxiliado para la ocasión por su cuate Robert Rodriguez, el que ha metido la pata hasta el corvejón, comercialmente hablando, con su último proyecto, Grindhouse, un homenaje al cine de serie B (aunque realmente debería decirse serie Z, pues su condición era ínfima) de los años setenta, aquel que en Estados Unidos (y también en Europa, aunque en España sólo se exhibió de esta forma en grandes capitales) se podía ver en sesiones dobles en cutres cines de barrio, y que, según parece, alimentó la cinefilia un tanto peculiar de master Quentin y sus amigotes, y que ahora el director de Pulp Fiction ha llevado a la pantalla grande, no se sabe si para solaz de los demás o (me temo) del suyo propio.

Pero la jugada no le ha salido bien, al menos en lo que respecta a su propio país, Estados Unidos, que ya sabemos que para los yanquis es lo único que realmente le interesa. El proyecto Grindhouse, que incluía dos filmes de una tacada como si fueran una de aquellas sesiones dobles, este Planet Terror, dirigido por Rodríguez, y Death proof, del que es autor el propio Tarantino, aderezado con varios trailers realizados para la ocasión, más falsos que Judas, constituyó un sonoro batacazo comercial en los USA, así que para su distribución en Europa y en el resto del mundo se ha optado por una más ortodoxa distribución por separado, por aquello de que con las cosas de comer no se juega…

A la espera de que llegue el segundo segmento, el mentado Death proof, este primero, Planet terror, se antoja justo lo que el propio cartel de la película promete: imaginación desmesurada aunque con cierta tendencia a un premeditado cutrerío de diseño, personajes disparatados, revisitación del terror “kaka de luxe” no sólo de las series Z yanquis sino incluso del genuino “giallo” italiano de Darío Argento y Mario Bava, superhéroes tipo macho-man (aunque en este caso sería machito-man, porque el protagonista es más chico que un tapón de alberca pisado…), chicas con mala pata (literalmente: de palo, en principio, después con ametralladora incorporada), zombies despanzurradores, aquí hasta extremos que lindan con el surrealismo… Un pastiche ciertamente divertido a ratos, plagado de guiños cinéfilos, ideal para los que echaron los dientes, cinematográficamente hablando, con aquellos viejos programas dobles, aunque es cierto que su intención no llega mucho más allá que rendir tributo a un cierto tipo de cine hoy periclitado, que tuvo su tiempo y su lugar, pero que hoy ya pertenece a la Historia del Cine (y no precisamente a sus páginas más gloriosas, para qué nos vamos a engañar…).

Rodriguez siempre ha sido un cineasta competente en el cine de acción, si bien es verdad que aquí, con la bula de que todo vale para homenajear a aquellos disparates setenteros, se le va la mano con frecuencia. De todos modos, visto lo que últimamente se está haciendo en el género de terror con irisaciones de acción (que sería como habría que definir más atinadamente el filme), hay que reconocerle que tiene su punto, siempre que se vea con cierto grado de connivencia, con la complicidad con la que está hecho este producto simpático a fuer de marciano.

En el elenco interpratativo habría que citar a Freddy Rodríguez, el héroe tamaño llavero ya citado, que de todas formas resulta competente en su trabajo, aunque 20 cm. más de estatura no le habrían venido mal; Rose McGowan, la chica de la mala pata, resulta graciosa, quizá a su pesar; Bruce Willis repite el papel de malo con el que últimamente parece disfrutar tanto; Michael Biehn, experto en cine de acción y bélico, aquí se puede lucir a modo, si bien es cierto que no tiene el protagonismo habitual; Jeff Fahey reaparece, después de no tener noticias suyas desde hace tiempo, ya avejentado y en un papel pasado de rosca en cuanto a su particular búsqueda del Grial (para la ocasión, la indagación sobre la salsa ideal para la barbacoa). Finalmente, Quentin Tarantino, que se reserva un papelito, se pasa tres pueblos (pero lo cierto es que a la película le viene bien el exceso) en su personaje, un militar infectado y “salido” cuyo intento de violación de la protagonista provocará una de esas escenas que no se olvidan fácilmente...

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95'

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Planet terror - by , Aug 12, 2007
2 / 5 stars
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