Película: Push Las capacidades paranormales de algunos seres humanos, perfectamente contrastadas aunque seguramente no tan espectaculares como el cine (re)presenta, tuvieron su momento de mayor relevancia a raíz del tremendo éxito de “Carrie”, tanto en la novela de Stephen King como, sobre todo, en la película de Brian de Palma, en la que se planteaba el caso de una chica con poderes telequinésicos (o telecinésicos, que no queda claro cuál sería el término correcto), capaz de mover objetos a distancia con la sola fuerza de su mente. De Palma insistiría más tarde en “La furia”, y King en novelas como “Ojos de fuego”, llevada también al cine, en el que la capacidad paranormal era la de encender fuego a distancia.
El cómic de Marvel “X-Men”, conocido en España como “La Patrulla X”, hablaba también de seres con poderes sobrenaturales, aunque la trilogía cinematográfica realizada ya en este siglo XXI destacaba mucho más el carácter de mutantes de estos extraños hombres y mujeres, y los enfundaba en leotardos que recordaban otros superhéroes, ya sea de la propia Marvel o de D.C. Comics, al estilo de Los 4 Fantásticos o Batman. Ahora, con esta “Push”, se nos presentan unos mutantes no demasiado distintos de los puestos en imágenes en la saga de “X-Men”, sólo que en este caso no hay trajecitos superfragilísticos para reforzar su imagen de iconos heroicos, sino que visten de calle como cualquier hijo de vecino, aunque tienen cualidades ciertamente notables: tenemos los telequinésicos, enteramente hijos putativos de la iniciática Carrie, con facultad para mover cualquier cosa (incluidos objetos pesados) con su mente; están los mentalistas, capaces de hacerte creer cualquier cosa, e incluso de inducirte al suicidio; otros son los sónicos, para mi gusto los más curiosos, que pueden reventar con sus gritos hipo-huracanados (ah, ese divertidísimo Pepe Pótamo de nuestra infancia…) no sólo cualquier cosa hecha de vidrio, sino también las cabecitas locas de aquellos que osen ponerse en su camino, en una versión un tanto gore de aquella cantante lírica, Kimera, que hacía lo propio (hombre, con los cristales, no con las meninges de su prójimo…); los visionarios, con capacidad para ver anticipadamente el futuro, aunque éste muta con tanta rapidez que a veces esa cualidad no les sirve mayormente de nada.
Con este gazpacho de portentos chiripitifláuticos, Paul McGuigan trenza una historia curiosilla, con la inevitable agencia yanqui maléfica, que intenta utilizar en provecho del Imperio las habilidades de los mutantes, y los rebeldes que le buscan las vueltas para salirse con la suya. La historia está llena de recovecos para lucimiento de los prodigios mentales y, sobre todo, de los chicos de los efectos especiales, que se ponen las botas ante tantas posibilidades de desplegar sus trucos.
En definitiva, una peculiar mezcla de ciencia ficción y acción, con algunos puntos de interés (como esos sónicos tan peculiares, o la estrategia de escribir cartas y hacerse un borrado selectivo de memoria para no delatar los planes a la precognición de los visionarios), un lenguaje visual influido por el de los videojuegos, y una Dakota Fanning adolescente que, pasada ya la época de niñita adorable de “La guerra de los mundos” (versión Spielberg), apunta maneras de convertirse, si no lo es ya, en una Lolita que hará/hace estragos en los corazones (y en otros órganos menos nobles…) de una legión de varones…

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Nacionalidad

Duración

111'

Año de producción

Push - by , Feb 22, 2009
2 / 5 stars
Unos X-Men sin leotardos