Película: Quantum of solace

Tras la notable Casino Royale esperábamos que esta revitalización de la saga 007 fuera incuestionable, pero está visto que no te puedes fiar: he aquí como lo que en el anterior capítulo era poderío, potencia, vibrante adrenalina combinada con sutiles escenas en las que predominaba la acción interior, con un guión bien construido, imaginativo y eficaz, ahora, en este nuevo filme, resulta ser prácticamente una escena de acción tras otra, en escenarios cada vez más dispares, de Bolivia a Italia, de África a Rusia; creo que no falta más que Oceanía como continente por visitar, en una interminable sucesión de persecuciones, bien con Bond detrás, corriendo en pos del malo, o delante, siendo perseguido por los villanos de turno.


No hay guión, en sentido estricto, en esta mala continuación (porque la acción se desarrolla de forma inmediata a la anterior); y eso que uno de los guionistas no es otro que Paul Haggis, el notable autor de libretos espléndidos como los de Million dollar baby, Crash o Cartas desde Iwo Jima. Pero se ve que Haggis no andaba fino en la época en la que escribió este guión, o bien su aportación no fue la fundamental, siendo el otro coguionista, Neal Purvis, el que llevó la voz cantante, y en ese caso sus créditos como escritor son muy inferiores.


Sea como fuere, lo cierto es que Quantum of solace (de imposible traducción medianamente potente al español) es apenas una sombra de su antecesora: aquí se trata de acumular escenas cada vez más increíbles, en las que 007 parece ser más un SuperBond que el famoso “mi nombre es Bond, James Bond”.


Es cierto que se acentúa el tono despiadado de nuestro héroe, que aquí no duda en usar a su amigo herido como escudo para protegerse de un disparo (con las consiguientes consecuencias luctuosas para el escudo humano: con amigos como éste, ¿quién necesita enemigos?), entre otras lindezas, pero el conjunto da la impresión de ser un bote de adrenalina que, como las palomitas al recibir el calor, rebosan de su continente para enmelarlo todo.


Decepciona el director, Marc Forster, cuyo Monster’s Ball nos hizo concebir esperanzas de encontrarnos ante un nuevo valor del cine, con buen pulso cinematográfico y apreciables dosis de sensibilidad; sus siguientes empeños lo fueron devaluando, hasta llegar a esta lamentable superproducción que le desacredita como director con cosas que decir.


En cuanto a los intérpretes, Daniel Craig repite el rol del Bond más duro de la historia, un individuo que parece hecho de piedra pómez, o de pedernal, metido en infinitas peleas, caídas, trompazos, disparos, saltos… hecho mixto por todo ello, pero que sigue adelante con más moral que el Alcoyano; del seco humor y el erotismo macho de Connery, nada; no digamos ya del encanto personal y la flemática ironía de Brosnan...


La chica Bond principal, Olga Kurylenko, es exótica aunque hace recordar a otras beldades de la saga que no parecían de este mundo: ésta sí, enteramente es la vecinita del quinto… En cuanto al villano, Mathieu Amalric, es el regreso de nuevo al malo blandengue que fue uno de los graves “hándicaps” de algunas épocas pretéritas, sobre todo en la de Pierce Brosnan; y es que el archimalvado de la serie tiene que dar miedo, o al menos respeto; pero aquí ves a este “petit maître” y te crees que es un apocado bohemio de Montmartre, un marchante de poca monta de pintores escuchimizados…


 


Quantum of solace - by , Nov 20, 2015
1 / 5 stars
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