Película: Rings

Si la novela del japonés Kôji Suzuki Ringu fuera un río, tendría ya todo un delta compuesto de canales que serían las muy diversas películas que se han hecho adaptando, más o menos libremente, ese relato seminal, desde la TV-movie Ringu (1995) al largometraje para cine Ringu (1998), de Hideo Nakata, que es donde realmente la historia toma carta de naturaleza internacional, hasta el punto de inspirar la versión norteamericana, The ring (La señal) (2002), hecha por un entonces poco conocido Gore Verbinski, que aún no había rodado la exitosa saga de aventuras y humor iniciada con Piratas del Caribe. La maldición de la Perla Negra (2003). El mismo cine yanqui reincidiría en el tema en The ring 2 (2005), aunque curiosamente dirigida por Nakata, al mismo tiempo que el cine oriental seguía haciendo secuelas: Ringu 2 (1999), Ringu 0: El círculo 0 (2000) y Sadako 3D (2012).

Ahora es el cine norteamericano el que retoma el tema, animado quizá por las buenas cifras de recaudación de las dos producciones bajo su pabellón, aprovechando también las posibilidades que las nuevas tecnologías digitales ofrecen, tanto en el terreno de los efectos especiales como en las diversas formas de difusión del vídeo de marras. Porque el tema, para quien no lo conozca va de un vídeo, un vídeo cuya visión conlleva una sentencia de muerte en un plazo de siete días exactos tras haber visionado la película.

En el original novelístico y en las primeras versiones el vídeo era un VHS, que era la tecnología punta de la época. Ahora ya, rebasado incluso el DVD, la película maldita se transmite mediante archivos digitales, en los que la redifusión (y con ella la maldición que conlleva) es mucho más fácil. En este contexto, conoceremos la historia de una chica y su novio, que se separan al marcharse él a la universidad. Las llamadas de ella son infructuosas, así que se planta en la ciudad universitaria para enterarse de que su novio está metido en un oscuro tema tras haber visto un vídeo que parece haberle sentenciado a muerte…

Soy de la opinión de que Rings, en contra de las duras opiniones críticas vertidas sobre ella, sin ser ninguna maravilla, tampoco es la bosta de vaca que se ha querido ver. Es cierto que el guion tiene lagunas y detalles de difícil encaje en eso que se llama coherencia, que ya se sabe es lo primero que se suele sacrificar en el cine de terror, pero también que la realización del cordobés F. Javier Gutiérrez, en su primera incursión en el cine USA, es estilosa e intrigante, tiene capacidad para hacer sentir escalofríos genuinos en el espectador, con lo curado de espanto (nunca mejor dicho) que estamos. No abusa de los sustos gratuitos, esa peste que infecta el género hogaño, y la película está preñada de signos en muchos casos de carácter cultista, como esa expresa referencia al mito de Orfeo y su entrada en el Hades para rescatar a su amada Eurídice, solo que aquí, oh, bienaventurados tiempos, será ella, la metafórica Eurídice, la que habrá de rescatar a su amado del también alegórico infierno al que se ve arrastrado al visualizar el vídeo maldito.

Gutiérrez ya interesó con su superior 3 días, un thriller apocalíptico entreverado de terror, ambientado en un paisaje tan distinto de este como el campo andaluz, una película que interesó y que a buen seguro le ha servido de tarjeta de presentación para este filme que, evidentemente, es un encargo, pero que le puede permitir entrar ya sin ambages en la industria cinematográfica norteamericana.

Y eso que Gutiérrez no ha tenido mucha ayuda que digamos en los actores: los protagonistas, la italiana Matilda Lutz  y el inglés Alex Roe, compiten entre sí por ver cuál de los dos es más soso y más inexpresivo, con escasa empatía entre ellos y también con respecto al público. La aparición como secundario de Johnny Galecki, el popular Leonard de la televisiva Big Bang, parece obedecer a la intención de los actores de la popular serie de hacer otros papeles para evitar (no sé si con éxito) el encasillamiento en sus personajes; sería, entonces, la misma maniobra que han realizado recientemente Jim Parsons, el superpopular Sheldon Cooper, al hacer Figuras ocultas (2016), o Simon Helberg, el no menos popular Howard, con su intervención en Florence Foster Jenkins (2016).

El final, más abierto que nunca, presagia que, a poco que la película dé dividendos, tendremos nuevas películas en las que esa monstruosa niña de pelo imposible volverá a salir arrastrándose del pozo desde cualquier cosa que pueda ser o parecer una pantalla, para matar aterrorizando a los incautos que tuvieron la mala pata de ver el vídeo equivocado; ya lo dice el proverbio español: la curiosidad mató al gato…


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107'

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Rings - by , Feb 14, 2017
2 / 5 stars
Eurídice es Orfeo