Película: Salvajes Definitivamente, parece que Oliver Stone ha perdido los libros: nada de lo que en los últimos años nos ha llegado de él nos interesa, y lo que es peor, cada vez se enfanga más en productos que, como éste, tienen un viso como de guiso de patatas: vale decir un carácter puramente alimenticio; siendo ello perfectamente lícito en términos generales, lo cierto es que a alguien como Stone, que se reputa el (re)creador de la Historia de Estados Unidos (Platoon, Nacido el 4 de Julio, JFK, Nixon, World Trade Center, W.), hacer este tipo de filmes inanes no es precisamente un galón, sino un baldón.

Parece que a Stone le interesaba explorar el tema del ménage à trois, el trío como fórmula de convivencia (más o menos) perfecta, y como el asunto no debía dar para más allá de la media hora, lo ha insertado en un conflicto de narcotraficantes para que pueda irse a los ciento treinta y tantos minutos que dura esta Salvajes, tan poco original en su planteamiento como en su título.

El trío protagonista, dos chicos y una chica, que viven y conviven a todos los efectos, llevan una vida regalada mientras comercian con maría, que no es una señorita sino una planta, más identificable cuando se la denomina también con su segundo nombre, huana o juana, si lo decimos en plan castizo. Llega el lobo feroz con la facha de Benicio del Toro (de lo mejor de la película, un marrajo integral, un tipo con una piedra pómez en el lugar habitualmente ocupado por el corazón) y la trastienda de Salma Hayek (quien controla el negocio desde la retaguardia, una cuarentona que podría pasar por una pija de Ciudad de México, pero resulta tener más huevos que el caballo de Espartero), y todo se va al garete. Los tres bonitos tendrán entonces que luchar por sus vidas y sus haciendas, con continuas trampas entre los dos bandos, a ver quién es más duro o más astuto de los dos.

Pero lo cierto es que esta reedición en plan cutre, y libérrimo, de Dos hombres y un destino (a la que tienen la osadía de nombrar como referente, qué cara…), apenas acierta a presentar una historia coherente: al contrario, el guión está lleno de insensateces, de pies forzados para ayudar a que la trama discurra por do quieren los guionistas, entre ellos el propio Stone. Un doble final termina de rematar este disparate que suena ya a sueño lúbrico de viejo verde…

El trío protagonista pone el palmito, y ya es bastante. Entre los secundarios, además del gran Benicio, que está estupendo como siempre, nos quedamos con Salma Hayek, en un papel que podría haber incurrido directamente en el esperpento, pero que ella salva con su humanidad y sus tablas. No cabe decir lo mismo de John Travolta, aquí pasadísimo de rosca, un guiñol de carne y hueso, un nuevo record Guinness de hacer muecas faciales por minuto.

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131'

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Salvajes - by , Oct 04, 2012
1 / 5 stars
Dos hombres y un pestiño