Película: Segundo López, aventurero urbano

Si Helena Cortesina es la primera española que dirigió una película (Flor de España o la historia de un torero, 1922) y Rosario Pi la primera que lo hizo durante la Segunda República Española (El gato montés, 1935), Ana Mariscal fue la primera directora que rodó durante el franquismo. Anteriormente tenía ya una bien ganada fama de actriz segura y dúctil, habiendo despuntado como tal en filmes como Raza (1942), con guión de Franco bajo el seudónimo de Jaime de Andrade, Mañana como hoy (1948) y Un hombre va por el camino (1949). Mujer inquieta, Mariscal funda en los años cincuenta, junto a su marido, la productora Bosco Films, con la que produce su primer largometraje como directora, Segundo López, aventurero urbano.

Basándose en la novela homónima de Leocadio Mejías (que, además de colaborar en el guión con la directora, intervenía en un pequeño papel en el filme), Mariscal consigue una película extraña, de alguna forma distinta a lo que se hacía en aquellos tiempos en España, alejada del mensaje optimista del régimen que se articulaba a través de obras de época de escaso rigor histórico, folcloradas varias, biopics más o menos fantasiosos de toreros del momento, comedias edulcoradas y tremebundos dramones. En ese contexto, Ana Mariscal pone en escena una película que tiene mucho más que ver con los movimientos que se estaban produciendo en el cine europeo de la época, singularmente en Italia con el Neorrealismo. De esta forma, Segundo López, aventurero urbano plantea la historia de un hombre de campo que, sin familia ni ataduras, decide vender lo que tiene y viajar a Madrid para adentrarse en la aventura urbana. Allí, con un magro capital, conoce a un adolescente del que pronto se hará inseparable, y también a una joven enferma, postrada permanentemente en cama no se sabe si por un mal físico o por el espiritual que le produjo el novio que la abandonó.

El primer filme de Ana Mariscal como directora tiene como bazas fundamentales su acercamiento a una realidad, la del Madrid de los primeros años cincuenta, que se distanciaba considerablemente de lo que el cine español ofrecía a los espectadores de su tiempo. Ello debió influir poderosamente en los problemas de censura (de corte político y social) que tuvo la película, y la desafección, cuando no la continua zancadilla, que los poderes públicos le dedicaron, quedando con ello muy limitado su estreno y su repercusión comercial y crítica.

Cinematográficamente hablando se ha dicho, no sin razón, que Segundo y su amigo mozalbete El Chirri son como unos nuevos Quijote y Sancho; es cierto, porque ambos recorren su microcosmos (Madrid en este caso, España en los personajes cervantinos) intentando desfacer entuertos, incluso sin ser conscientes de ello, y Segundo tiene su Dulcinea, aunque esté postrada en cama. Pero existen otras influencias evidentes, como la de una visión en clave positiva del Lazarillo de Tormes; de esta forma, estaríamos ante una especie de continuación o secuela de la historia anónima, en la que López sería el nuevo patrón de Lazarillo/Chirri. Véase que el chico, en una escena del filme, dice que estuvo en tiempos al servicio de un ciego… Es como si el legendario personaje de la novela anónima hubiera dado, en su peregrinar desde su natal Salamanca hasta Madrid, con un nuevo y benévolo amo que, lejos de procurarle los daños físicos (y morales) de patronos canallas como el Ciego, le distingue con su amistad y le atiende solícitamente en los peores momentos de enfermedad y pesar. En ese sentido es un relato “antipicaresco”: los dos protagonistas (salvo el inicial robo del zagalón, después tan arrepentido) se comportan, a pesar de sus miserias, con una honestidad a carta cabal.

Lástima que Mariscal, aún bastante verde tras la cámara, cometa errores de principiante, como una planificación acartonada o clamorosos fallos de montaje como la escena en la que los protagonistas conocen al personaje interpretado por Luisita Esteso, que podría servir en cualquier escuela de cine para saber cómo no se debe montar una escena.

También es cierto que Segundo López… es una historia bastante marciana, y que resulta de una rareza con frecuencia chocante. También que la muy alabada frescura de sus protagonistas no profesionales (Severiano Población y Martín Ramírez) está muy bien en principio, pero que cargar toda la historia sobre sus espaldas termina revelándose como contraproducente, al carecer de recursos técnicos que faciliten la identificación del espectador con los protagonistas, con el extrañamiento típico que producen aquellos que hacen de actores sin serlo; y es que no se es actor por declamar, más o menos bien, un texto: ser actor es algo bastante más complejo.

El conjunto, sin ser para tirar cohetes, tiene valores que la hacen una película interesante, atípica, irregular pero atractiva. Entre los actores, al margen de los no profesionales, que hacen lo que pueden, me quedo con la propia directora como actriz, en un personaje de mujer herida, de amor o de muerte, que Ana Mariscal resuelve con su proverbial aplomo y (aparente) facilidad, aunque no sea nada fácil.

(Por cierto, qué horrible el abrigo que porta Severiano Población como Segundo López durante toda la película…).
 


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80'

Año de producción

Segundo López, aventurero urbano - by , Sep 24, 2016
2 / 5 stars
Don Quijote López y el Lazarillo Chirri