Película: Shrek, felices para siempre La que se reputa última entrega de la saga (a la vista de la menguante recaudación, parece que va de veras) del ogro verde confirma el declive de la serie. Los dos primeros capítulos protagonizados por el entrañable monstruo fueron excelentes: la transgresión, la inteligente utilización de los estereotipos de los cuentos infantiles, confiriéndoles aspectos novedosos y llenos de humor, fueron las marcas de la casa de un serial que fue saludado con entusiasmo tanto por público como por crítica, coincidencia que, ciertamente, es bastante poco frecuente. Pero ya Shrek Tercero petardeó a modo, obviando las virtudes del díptico anterior y quedándose en una mera sucesión de gags enganchados a la leve línea argumental central.

En esta cuarta parte es cierto que se ha mejorado en el guión, aquí jugando con la posibilidad de que el universo conocido del ogro se vaya al garete por un pacto con Rumpelstiltskin, el pérfido duende hoffmaniano, que aquí resulta ser uno de los aciertos del filme, un personaje taimado, lleno de dobleces, en línea con algunos de los mejores villanos de Disney (aunque en este caso la productora, DreamWorks, nada tenga que ver con la Casa del Ratón); pero también es cierto que el tono de la historia es bastante más conformista que la de los capítulos precedentes, mucho más iconoclastas que esta historia en esencia tan conservadora. Así las cosas, es verdad que el filme se sigue con agrado, asistiendo a las aventuras y, sobre todo, desventuras de nuestro ogro favorito, pero el tono es bastante inferior a las dos primeras entregas, tan efervescentemente heterodoxas. Tampoco ayuda mucho el hecho de que el director cuente entre sus créditos con algunas tonterías como Gigoló, vehículo a mayor gloria, por decir algo, del comicastro Rob Schneider, que debió ponernos en guardia con respecto a sus capacidades.

Mediocre epílogo, entonces, para una de las sagas de animación que más han hecho por renovar el panorama apolillado que presentaba este tipo de cine en la década de los noventa, cuando Disney había perdido totalmente el fuelle y Pixar aún apenas si había dado un par de buenos títulos; la fulgurante aparición del ogro bonachón supuso una enriquecedora nueva vía cuya feracidad aún hoy sigue dando buenos réditos artísticos.

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87'

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Shrek, felices para siempre - by , Jul 14, 2010
2 / 5 stars
Inesperado giro conformista