Película: Siempre hay tiempo (Héctor y Bruno) La sevillana Ana Rosa Diego debuta en la dirección de largometrajes con este bienintencionado filme sobre la necesidad de hallar puntos de encuentro entre las generaciones que, como suele suceder, tienen todo un catálogo de agravios que achacarse recíprocamente, como si una fuera perfecta y la otra un despropósito.

Decía el clásico que la obligación del hijo es matar (metafóricamente, espero…) al padre para afirmarse como adulto, como nuevo hombre. Aquí nos encontramos con una variante de este conflicto generacional a dos bandas y media: la primera, la que separa/une a un abuelo norteño con su nieto sureño, al que apenas conoce: estos dos seres sin puntos en común comienzan a percibir que tal vez tengan algo que enseñarse mutuamente, quizá incluso a amar; la segunda, el abismo que distancia a un padre antaño ensimismado en sus ocupaciones laborales y un hijo desatendido que le reclama con resquemor los mil y un abandonos de su infancia; la media restante, porque no es un conflicto entre generaciones sino, en todo caso, intrageneracional, será la que el viejo norteño afronte, contra su inicial reticencia, aceptando plenamente una relación entre la amistad y el amor con una dicharachera viuda.

Sin embargo, estos tres mimbres, con los que razonablemente podría haberse tejido un cesto decente, no termina de cuajar: el guión abunda en los lugares comunes; los personajes están hechos a brochazos, en especial los de la sevillana familia del viejo; los diálogos no son frescos; la puesta en escena peca de errores de aficionado; y, en general, la falta de un estilo personal pesa como una losa sobre esta historia tan bien predispuesta como mal realizada. Una pena, porque no estamos sobrados de cine en el que se expongan historias (conflictivas, o no) de familia, en las que aparezca gente normal, no subnormal, como tan frecuentemente ocurre en el cine hodierno. Dicho lo cual, y tras anotar las deficientes actuaciones de los actores maduros y jóvenes (lamentable un Sergi Calleja que no se cree en ningún momento su papel; habrá que anotar en su descargo que se trataba de un rol falto de credibilidad, un muñeco en las manos de los múltiples guionistas del filme), habrá que reseñar la excelente interpretación de los dos personajes mayores (hablando en plata: viejos), Txema Blasco y Montserrat Carulla, que están sencillamente espléndidos.

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87'

Año de producción

Siempre hay tiempo (Héctor y Bruno) - by , May 23, 2010
1 / 5 stars
Conflicto intergeneracional