Película: Siete psicópatas Definitivamente, la profesión de autor o director teatral parece conferir a los que la ejercen cierta capacidad, no sé si procedente de su principal ocupación, para saltar con solvencia a la dirección cinematográfica. No hay que irse a los tiempos de Orson Welles, sino que mucho más recientemente hemos tenido casos tan notables como el de Sam Mendes, que pasó de montar Shakespeare en los escenarios a dirigir en cine Skyfall, uno de los capítulos de la franquicia más longeva de la Historia del cine (007, of course), aunque entre medias tuvo tiempo para hacer dos obras de arte, American Beauty y, sobre todo, Camino a la perdición.

Pues con este Martin McDonagh pasa tres cuartos de lo mismo. Exquisito autor teatral en su país de origen, Reino Unido, habiendo conseguido varios y prestigiosos premios, se ha interesado por el cine desde hace unos años y ya nos sorprendió gratamente con Escondidos en Brujas, su opera prima en cine, donde jugaba a placer con temas propios del thriller, pero también de la comedia negra. Ahora da un paso más y firma casi una obra maestra con este delicioso, desconcertante y sorprendente Siete psicópatas, rara ya hasta en el título, donde juega habilidosamente con hasta tres planos distintos: la (supuesta) realidad que acontece, la escritura de un guión sobre lo que sucede, y la película ya filmada sobre esa realidad y ese guión. Los tres planos se yuxtaponen con naturalidad, siguiéndose en todo momento con complacencia y sin dificultad alguna, en una suerte de thriller en clave de comedia negra a ratos muy divertido en sus extravagantes planteamientos y siempre sorprendiendo con sus giros de guión, tan astutos como bien trenzados.

Siete psicópatas se convierte, entonces, en un excelente divertimento que no rehúsa tocar temas trascendentes como la vida y, sobre todo, la muerte (esa que acecha constantemente a todos los personajes del filme: para eso hay siete psicópatas sueltos…), la prioridad de los sentimientos, la escala de valores del ser humano, la redención, la venganza, la culpa: todo un caleidoscopio de temas del Hombre, que sin embargo están dados con una sencillez, una naturalidad y una facilidad que en absoluto parece tenga la trascendencia que realmente tienen.

Se ha dicho que Martin McDonagh ha jugado con los estereotipos tarantinianos, y no les falta razón, aunque ciertamente su juego no es un remedo sino una recreación, una reescritura de los temas del “enfant terrible” (vale, “terrible child”, ya que estamos en USA), jugando con sus arquetipos para desvelar nuevas perspectivas.

Con una impactante primera escena, con un plano secuencia de imprevista (o no) resolución, McDonagh ya marca alguna de sus prioridades, como es el inteligente uso de los recursos cinematográficos (en este caso la profundidad de campo, que utilizará más tarde también de forma espléndida), frente a los que podrían creer que, al venir del campo del teatro, su filmación sería encorsetada, academicista, ajustada a las tres paredes del teatro. Pues no: el dramaturgo inglés confirma que el talento es polimorfo, que cuando es auténtico no tiene porqué enfajarse en clichés de un determinado arte o manifestación artística.

Siete psicópatas roza la perfección en su guión, en su filmación, en su interpretación. Quizá no sea la obra maestra que podría haber sido por algún desmayo en el ritmo, por lo demás perfectamente disculpable en una historia con tantos recovecos, con tantos volantazos, con tantas líneas argumentales, aunque todas confluyan en la misma trama. En cuanto a los actores (digo bien, actores, porque el papel de las actrices es prácticamente irrelevante, como los propios protagonistas se encargan de comentar en cierto momento del filme), todos están muy bien, desde un Colin Farrell que esconde un cómico que quizá el mismo desconoce, y que en estos casos está mejor que en sus papeles dramáticos, donde siempre parece demasiado doliente, hasta un Sam Rockwell, nuestro patoso favorito del cine indie, aquí en un papel bombón pero de difícil domesticación, que él saca adelante con un desparpajo asombroso. Los secundarios, sencillamente perfectos, desde ese Christopher Walken que desde El cazador no ha dejado de darnos personajes inquietantes, hasta el rostro hierático, fúnebre, de Harry Dean Stanton, que tan bien cuadra al psicópata cuáquero (sí, parecen términos antónimos, ¿no?), y Woody Harrelson, del que tengo dicho que le dan papeles de villano cuando no parece capaz de matar una mosca, pero que cuando ese personaje de malo, como en este caso, combina a manos llenas el sadismo y el humor negro colindante con la autoparodia, le sale redondo.

Tenemos una nueva estrella en el cine con intención, Martin McDonagh. Hay fundadas esperanzas de que nos dé nuevas muestras de este talento inclasificable; ojalá que Hollywood no le fagocite en productos mediocres, como tantas veces ocurre (crucemos los dedos…).

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110'

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Siete psicópatas - by , Mar 03, 2013
4 / 5 stars
Nueva, diferente, imaginativa