Película: Silencio en la nieve Tenemos escrito que Gerardo Herrero es, seguramente, el productor español más importante del último cuarto de siglo: no sólo es extremadamente prolífico en sus producciones, sino que el tono general de las mismas es medio-alto, jamás cae en vergonzantes chabacanerías como ocurre con tanta frecuencia en el cine hispano, y además ha sabido abrir la puerta a la coproducción en una cinematografía como la nuestra, tan dada al ombliguismo. Pero también tenemos escrito que Herrero no es tan buen director como productor; al principio de su carrera como cineasta, allá en los años noventa, consiguió algunos títulos interesantes, como Malena no es un nombre de tango, y tuvo ráfagas de buen cine en Desvío al paraíso, Territorio Comanche y Las razones de mis amigos. Pero desde entonces no termina de enderezar el rumbo como director, y su cine como tal generalmente adolece de defectos tales como impersonalidad, pulcras pero planas adaptaciones literarias y tosquedad en la puesta en escena.

Este Silencio en la nieve no se aparta un ápice de esas constantes herrerianas en su faceta de director; adaptación de la novela de Ignacio del Valle El tiempo de los emperadores extraños, tiene como baza interesante el hecho de que se ambiente en un tiempo y un espacio poco habituales en el cine español, la Rusia de 1943, cuando la División Azul reclutada por el gobierno de Franco combatía bajo las órdenes del Ejército nazi, la poderosa Wehrmacht. En ese contexto bélico se produce un hecho insólito: varios caballos escapados del campamento español mueren ahogados en un lago helado (por cierto que Herrero desaprovecha las evidentes posibilidades de un plano de ese corte: una decena de equinos con las cabezas y las patas delanteras rampantes, en un postrer, inútil esfuerzo por escapar de la muerte, pero dado sin el toque lírico que la situación estaba pidiendo a gritos; y es que Gerardo es más prosista que poeta…); junto a los jamelgos se encuentra el cadáver de un hombre asesinado y con una inscripción grabada a cuchillo en su pecho: Mira que te mira Dios. El soldado que descubre el fiambre es un antiguo inspector de policía, y las autoridades de la División Azul le encargan la investigación del asesinato. Pronto el militar se dará cuenta de que éste no es sino el primero de varios homicidios que van a tener lugar, y que en la jerarquía militar de la División hay quien tiene mucho que ocultar…

Es cierto que la película se deja ver con cierto agrado, si bien se echa en falta más estilo en un cineasta carente de él. Uno puede imaginarse qué hubiera sido de este guión en manos de, por ejemplo, un Vicente Aranda, por no irnos muy lejos, o de un Martin Scorsese si queremos picar ya muy alto. Pero Herrero no es uno ni otro, y en esas condiciones no se le pueden pedir más peras al olmo.

Tampoco entre las virtudes de Gerardo está la de ser un buen director de actores, y de hecho algunos tan seguros como Sergi Calleja aquí está pasado de rosca, dejado a su libre albedrío, lo que en un intérprete con cierta tendencia a la sobreactuación es un peligro. Tampoco Juan Diego Botto ni Carmelo Gómez, que necesitan estar bien dirigidos, brillan en este mediocre thriller ambientado en el helado frente ruso, que podría haber sido mucho más de lo que finalmente ha resultado ser.

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110'

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Silencio en la nieve - by , Jan 22, 2012
1 / 5 stars
Mira que te mira Dios