Película: Sonámbulos La premisa de origen de este filme es interesante, reflejar un monstruo poco divulgado, los “sonámbulos”, bestias mitad hombre, mitad gato, que se alimentan de vírgenes y se perpetúan mediante el incesto de sus miembros; además tienen otras virguerías en su panoplia de efectos especiales, desde la capacidad de volverse invisibles hasta la facultad, no menos extraordinaria, de cambiar la forma de las cosas, incluida la propia, pudiendo transformar su aspecto habitualmente dantesco por otro mucho más agradable: es el caso del chico Brady (y su madre, una cuarentona de excelente buen ver), al que todos admiran por su apostura; y no sólo las chicas: el profesor Fallows está dispuesto a cobrarse en carne su silencio sobre las mentiras escolares del joven.
“Sonámbulos” es, fundamentalmente, una historia sobre el amor familiar llevado al plano sexual: en efecto, la relación entre Mary y Charles Brady (nombres que toman en su estancia en Indiana, aunque ya hemos visto que en California tenían nombres fonéticamente parecidos, Martha y Carl Brodie) es probablemente lo más llamativo de la cinta, una relación que hace saltar chispas con el morbo del incesto del chico y su madre, dos seres más allá de las convenciones de la sociedad humana, que llevan a cabo sus coitos sin culpabilidad ni traumas, como consecuencia de que sólo así pueden reproducirse y, sobre todo, que obedecen en ello a su instinto puramente animal.
El hecho de que su objeto de deseo (en este caso de deseo meramente nutritivo) sea una virgen entronca con una amplia tradición que otorga a las jóvenes inmaculadas cierta fuerza vital imprescindible para monstruos tales como vampiros o no-muertos en general. Habrá que suponer, haciendo una extrapolación meramente fisiológica, que esa fuerza vital es realmente la considerable eclosión hormonal que las chicas (y los chicos, of course) presentan en la edad de la adolescencia. De una forma u otra, hay también en “Sonámbulos” otra lectura, la del monstruo enamorado de su víctima; en efecto, Charles, que sabe que tiene que matar, chupando su fuerza virginal, a Tanya, por otro lado se siente reacio a ello; hay también, lógicamente, un fuerte componente de celos, máxime cuando madre e hijo son también amantes.
Resuelto por Mick Garris con aseo pero sin grandes dosis de imaginación, lo mejor está en algunas humoradas "chez King". Así, cuando Tanya se marcha de picnic con su nuevo amigo Charles, la madre de la chica, tras haberse dado cuenta de la retahíla de recomendaciones que le ha hecho, le dice a su marido "¡me he convertido en mi madre!". Más adelante, cuando el policía dispara por la espalda a Charles, en el cementerio, cuando éste se encuentra atacando a la chica, el muchacho se gira y le espeta, con su mejor tono educado en su boca de monstruo remotamente humano: "primero se dispara al aire, agente", para después matarlo sin piedad. Más tarde, cuando Mary Brady va a casa de Tanya a secuestrar a la chica, tras atizarle con las flores al marido y dejarlo tirado en el suelo, le dice a la estupefacta esposa "preciosa casa, Señora Robertson". Perlas de ironía típicas de King, como el propio hecho de que el novelista aparezca, en este caso como encargado del cementerio, intentando rehuir posibles responsabilidades por lo que ha sucedido allí.
Tal vez uno de los problemas de “Sonámbulos”, aparte de la impersonalidad aunque evidente profesionalidad de Garris, sea que la historia difícilmente daba para un largometraje; tal vez un telefilme de cincuenta y cinco minutos habría sido una duración más razonable, pues se nota poca materia para tanto tiempo. En todo caso, es una obra con algunos rasgos de interés, aportando además una figura, la del Villano de rasgos humanos (en este caso el profundo amor entre madre e hijo, pero también el enamoramiento del chico por una humana común), no demasiado frecuente en el panorama de personajes de King.


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86'

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Sonámbulos - by , Feb 28, 2009
2 / 5 stars
Quien hace incesto hace cien