Película: Star Trek (2009) En una escala del cero al diez en el “trekkismo”, suponiendo el cero la aversión absoluta hacia el fenómeno Star Trek, y el diez la admiración sin límites al mismo, yo me situaría en un siete: quiero decir que no soy un fan irredento de la serie, pero sí me gusta lo suficiente como para sentirme atraído y confortado cada vez que puedo ver algún episodio, televisivo o cinematográfico, de esta saga (afortunadamente) interminable que ideó, a mediados de los años sesenta, el genio proteico de Gene Roddenberry.

Star Trek (2009) (curiosa forma, por cierto, de titular una película en España, con el numeral del año de producción incluido…) es una vuelta a los orígenes; aquí estamos ante una historia que se remonta a los momentos previos a la llegada al mundo del capitán James T. Kirk (por cierto, nos enteramos ahora que la “T.” es nada menos que “Tiberius”…”), el mítico líder de la nave Enterprise, cuya infancia y juventud, sin embargo, no serán precisamente un dechado de virtudes: rebelde, juerguista, gamberro… una joya, que habrá de ser encauzado hacia posturas más maduras precisamente cuando se integra en la Flota Estelar, aunque su carácter difícil le acarreará más de un problema. Allí conocerá a Spock, mitad vulcaniano, mitad humano, como corresponde al hijo de padre de una raza y madre de otra (esta última una Winona Ryder recuperada para el cine y bastante poco reconocible), y sus relaciones no serán precisamente buenas. Hay un peligro letal, procedente del futuro, que amenaza con extinguir los planetas Vulcano y Tierra, y los futuros jóvenes componentes de la Enterprise pisan por primera vez la legendaria nave…

Ciertamente el tema del viaje en el tiempo está bastante usado, incluso manido. Aquí, sin embargo, se le da un giro interesante, el de su utilización no como forma de arreglar algo del pasado (que es plausible, aunque se ha usado “ad nauseam”), sino como fórmula de vengarse de quien, de forma premeditada o incluso involuntaria, como en este caso, provocó una catástrofe. Con ese planteamiento, el viaje en el tiempo cobra una nueva y estimulante perspectiva, y, como es habitual en estos casos, los hechos que se van cambiando van produciendo nuevos escenarios no contemplados en la historia hasta entonces acontecida, produciendo una suerte de devenir aleatorio de imprevisibles consecuencias.

No me gusta autocitarme, pero allá en el año 2003, a raíz de la crítica de Star Trek: Némesis, el anterior episodio de la saga cinematográfica, escribía: “Así las cosas, y aunque es evidente que los “trekkies” seguirán adorando la serie, aunque sea en episodios menores como éste (…), los mentores de Star Trek deberían replanteársela, como se ha hecho en la saga de James Bond, encargando cada entrega a realizadores solventes que confieran a los nuevos capítulos una personalidad que, a la vista está, se está perdiendo a chorros.” Qué gusto da que, aunque evidentemente los mentores de la saga no me hayan leído (no soy tan fatuo como para creer tal cosa), al menos hayan pensado igual que yo, y hayan encargado la revitalización de la serie a uno de los nuevos talentos de Hollywood, J.J. Abrams, el creador de series televisivas de culto, como Perdidos (no deja de ser curioso que Roddenberry, el autor de la iniciática serie de los años sesenta, también fuera un guionista fundamentalmente televisivo), además de exitoso productor y desde hace unos años también director cinematográfico. Con él, la saga de Star Trek ha ganado en personalidad, en aplomo, en amenidad sin por ello perder profundidad; el nuevo capítulo fílmico se beneficia de un talento audiovisual capaz de dar simultáneamente densidad y acción, consiguiendo con ello uno de los mejores capítulos cinematográficos de la saga en cine.

En cuanto al reparto, hay algunas inconsistencias, como la de Chris Pine, cuyo recentísimo pasado de adolescente “salido” en películas olvidables le ha hecho tanta mella como para que no nos terminemos de creer que este cretino será alguna vez el sereno, honesto, inteligente, recto capitán Kirk. Otra cosa es Zachary Quinto, un rostro peculiar curtido en series televisivas de éxito (24, A dos metros bajo tierra, CSI, Héroes), que compone un muy acertado Spock joven. Eric Bana resulta convincente como el villano de la historia, un hombre ahíto de rencor y de deseos de venganza. La aparición de un decrépito Leonard Nimoy pone la nota nostálgica, recordándonos cómo el tiempo pasa para todos, y aquel pimpante Spock de orejas puntiagudas de los años sesenta tiene ya, como dice la frase hecha española, las últimas orejas puestas…

Star Trek (2009) - by , May 16, 2009
3 / 5 stars
Revitalizar la saga