Película: Steve Jobs

Sobre la vida y (sobre todo) la obra de Steve Jobs ya existía una película anterior, Jobs (2013), un filme que no tuvo mayoritariamente buenas críticas, criterio que no comparto. Sin ser una obra maestra, sí fue una obra interesante que se alejaba de la típica hagiografía del gran hombre de nuestro tiempo, el que, junto a Gates y Zuckerberg, entre otros, han revolucionado el mundo de hoy.

Steve Jobs se reputaba un empeño más intenso, con un director de prestigio como Danny Boyle, con títulos relevantes como Trainspotting (1996) y Slumdog Millionaire (2008), aunque también con castañas como Una historia diferente (1997) o La playa (2000). Ese empeño más intenso se ha saldado con un buen resultado, aunque en general no es especialmente superior a su antecesor. Es cierto que los diálogos son muy buenos, como corresponde al guión de Aaron Sorkin, responsable de libretos como los de la serie televisiva El ala oeste de la Casa Blanca o La red social, pero también que la jerga informática, y sobre todo aquella que manejaban los peritos en la materia en los años ochenta y noventa, convierte la primera parte del filme en una suerte de jerigonza con frecuencia indescifrable o, en el mejor de los casos, bostezante.

La historia se centra en los minutos previos a tres de las famosas exposiciones que Jobs preparaba meticulosa, casi enfermizamente, con cada lanzamiento de sus productos. En el primero de ellos, a mediados de los años ochenta, se trataba del primer Macintosh que comercializó Apple, que revolucionó el concepto (aún en mantillas) del ordenador personal. En el segundo fue, ya a finales de los años ochenta, el lanzamiento de NeXT, la franquicia que Jobs se sacó de la manga para que su antigua casa, la de la manzana mordida, lo fichara de nuevo tras su tormentoso despido. En la tercera, ya a finales de los noventa, será la salida al mercado del iMac la que se presentará en pantalla.

Con buen criterio, Boyle y su guionista Sorkin, siguiendo los pasos del libro original de Walter Isaacson, se centran no en los lanzamientos propiamente dichos (que están en YouTube a plena disposición de los internautas) sino en los momentos previos, en los que los autores describen una serie de situaciones, entre lo real y lo imaginado, en las que Jobs tendrá que enfrentarse a sus colaboradores y exsocios, a su exnovia y madre de su hija, a sus jefes… un rosario de enfrentamientos, con la ansiedad de la inminencia de tan importantes actos, que confieren al filme un punto de angustia seguramente buscado.

En esos enfrentamientos Jobs se revela como un hombre de una extraordinaria capacidad para crear, para ver hacia dónde va el futuro, para imaginar el mundo del mañana, pero a la vez se descubre como un ser desagradable, un tipo infecto incapaz de reconocer méritos a los demás si no es en función a sus exclusivos fines, un hombre carente de eso que hemos dado en llamar sentimientos, emociones, tal vez alma. Que tengamos que agradecer a este redomado cabrón el extraordinario mundo tecnológico en el que vivimos colinda con la esquizofrenia.

Steve Wozniak, el mítico coinventor del Apple I, aquel primer ordenador personal que fue como la piedra de Roseta de la informática, aquel chisme antediluviano sin el que hoy día no escribiríamos críticas como ésta en poderosos aparatos cuasi omnipotentes, sentenció (según el libro y el guión de Sorkin) a su examigo con una frase lapidaria que lo retrató certeramente: no es binario; se puede tener talento y decencia a la vez…

Filme lastrado en su primera parte por la mentada pesadez de los términos informáticos de la época, a partir de la mitad alza el vuelo y se deja de sinsorgadas cibernéticas para entrar en el meollo de la historia, describir, y descubrir, al ser humano que se ocultaba tras las míticas gafitas redondas de Steve Jobs; y resulta que el creador de Apple, el hombre que ofreció al mundo innovaciones que lo transformarían radicalmente, desde el iPod al iPad o al iPhone (esto parece un trabalenguas), era en el fondo un pobre diablo incapaz de amar, genéticamente refractario a ser amado.

Un final algo dulcificado no empece la impresión de que la obra de Jobs lo llevará, sin duda, a los libros (o a las webs: seamos modernos y estemos a tono con el filme) de Historia, pero ciertamente su vida debió ser un infierno, desde la enfermiza obsesión por la perfección, por inventar el futuro, por adelantarse a todos sus colegas, hasta la imposibilidad de ser feliz.

Michael Fassbender vuelve a bordar este nuevo personaje que incorpora a su ya amplia galería. Resulta más convincente que Ashton Kutchner en Jobs, más que nada porque Fassbender es un notabilísimo actor y al ex de Demi Moore mejor no lo calificamos. Entre los secundarios me quedo con una Kate Winslet irreconocible de morena, componiendo con habilidad y soltura el difícil papel de Joanna Hoffman, mano derecha de Jobs, una mujer que lo tuvo que soportar durante muchos años, en una relación cuasi sadomasoquista. También está muy bien Seth Rogen, generalmente adocenado en comedietas, aquí sobresaliente como Steve Wozniak, el genio que, sin embargo, quedó ensombrecido por el talento y la soberbia de su tocayo Jobs.


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126'

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Steve Jobs - by , Jan 11, 2016
3 / 5 stars
No es binario: talento y decencia a la vez