Película: Suburra

El cine italiano tiene una larga tradición de denuncia política. Sobre todo durante los años sesenta y, singularmente, setenta, hubo prácticamente un subgénero dentro del thriller que contaba historias en las que crimen, política, policía y mafia se mezclaban con desparpajo. A ello contribuyeron varios directores importantes de la época, con Francesco Rosi a la cabeza, con títulos como Las manos sobre la ciudad (1963), El caso Mattei (1972) y Excelentísimos cadáveres (1976), pero también Damiano Damiani con Confesiones de un comisario (1971) y ¿Por qué se asesina a un magistrado? (1975), y Elio Petri con películas como Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha (1970).

Ese tipo de cine de denuncia social parece reverdecer en los últimos años en el país itálico, con películas como Il divo (2008), de la estrella emergente Paolo Sorrentino, pero también con filmes como Gomorra (2008), de Matteo Garrone. Quiere decirse que de nuevo interesa este tipo de cine que pone el dedo en la llaga en la corrupción política y en el execrable maridaje entre gobernantes, legisladores y delincuentes. Suburra es una nueva aportación, más que interesante, a este subgénero de políticos corruptos y mafiosos enfrentados. Parte de la novela homónima, publicada en 2013, de la que son autores Giancarlo de Cataldo y Carlo Bonini, que se encargan también del guión junto a los veteranos Sandro Petraglia y Stefano Rulli.

El filme se ambienta en los días previos a la caída del gobierno de Berlusconi (identificado en el relato como el Apocalipsis), en noviembre de 2011, aunque también hace coincidir la historia con la decisión del Papa Benedicto XVI de dimitir de su pontificado, aunque esto ocurrió realmente casi año y medio después. En esos siete días de 2011, antes de que el primer ministro (y poderosísimo boss del imperio Mediaset) dimitiera, uno de los diputados, presidente de una comisión que debe dar luz verde a una recalificación que abrirá las puertas a construir una especie de Las Vegas en la romana playa de Ostia, mantiene por la noche una orgía con su prostituta habitual y una joven menor de edad, que muere de sobredosis; el político escapa y la chica habrá de ser la que se encargue del fiambre, para lo que pide ayuda a un emergente mafioso gitano, que tiene casi tan malas pulgas como su hermano y capo del clan. El gitano vislumbra la posibilidad de sacar réditos de su acción a favor del político y le chantajea; éste recurre a sus contactos más oscuros para evitar esa extorsión, pero a partir de ahí los acontecimientos se precipitan…

Suburra (palabra con la que los italianos denominan una zona o lugar de mala fama, un predio de delincuentes, lo que en España llamaríamos el patio de Monipodio) es, entonces, un potente thriller de historias cruzadas, donde políticos corruptos y mafiosos de toda laya practican un peligroso juego en el que la venganza, el rencor y los impulsos sanguíneos ganarán la partida a la calma que las Familias (el plural y la mayúscula son escalofriantemente ominosos…) quieren imponer para conseguir el negocio del siglo, cementar Ostia para hacerla una Las Vegas bis donde todo vicio sea posible, y que sea controlado por ellas, por supuesto.

Con poderoso pulso narrativo y buena mano para la dirección de actores, Stefano Sollima se confirma como un digno sucesor de su padre, Sergio Sollima, incluso diríamos que le supera, pues papá Sergio nunca destacó especialmente, siendo un artesano confiable que se especializó en “peplums” (vale, el plural sería “pepla”), espagueti-westerns y aventuras exóticas (recuérdese la setentera miniserie televisiva Sandokán, con el entonces célebre y aerodinámico Kabir Bedi). Stefano se ha curtido en series televisivas con temática policíaca, y aquí ha sabido imbricar adecuadamente las diversas, complejas tramas que confluyen. Hay, desde luego, una denuncia implícita sobre una clase política que, un cuarto de siglo después del escándalo de Tangentopoli que hizo añicos la gobernanza del país, vuelve por sus fueros y sigue haciendo del estado italiano su particular cortijo.

Es cierto que con frecuencia Sollima tiende a subrayar las escenas; la sutileza no es su fuerte, pero el conjunto funciona bien, y su objetivo, conseguir un thriller potente sobre la alianza espuria entre delincuencia y poder político, está plenamente conseguido.

Notable diseño de producción, con una espléndida fotografía del veterano Paolo Carnera, e interpretación muy ajustada de un elenco en el que brilla especialmente Pierfrancesco Favino (por cierto, con extraordinario parecido físico al primer ministro griego, Alexis Tsipras…), y un Claudio Amendola que compone un torvo mafioso de  inmanente tranquilidad, confiriéndole ello un plus de peligrosidad, de amenaza latente.


 


Dirigida por

Género

Nacionalidad

Duración

135'

Año de producción

Trailer

Suburra - by , Sep 18, 2016
3 / 5 stars
Antes del Apocalipsis