Película: Super 8 Definitivamente, la nostalgia es un error. Y si de por medio anda alguien que fue el amo del mundo (cinematográfico) hace treinta años, y ahora es uno más entre tantos, la cosa puede ser penosa. Porque parece que lo que el productor Steven Spielberg plantea en este filme es un regreso a la forma de hacer cine de los años setenta/ochenta del siglo XX, pero con los medios de los años diez del siglo XXI. Y el resultado dista mucho de ser satisfactorio: el guión es directamente lunático (no sé si decir marciano, dado el tema…), con una más bien insufrible mezcla de temas ya hurgados (y mejor) en filmes como Los Goonies, E.T. El Extraterrestre, Encuentros en la Tercera Fase o Monstruoso, por citar solo los más evidentes. Los personajes, sobre todo los niños, no existen, son de cartón-piedra, estereotipos, desde el atormentado protagonista con madre recién muerta y corazón acelerado por la adolescente de turno, pasando por el director de la película amateur, un gordinflas con problemas de autoestima, o el encargado de los efectos especiales, un friki con sospechoso parecido a Belén Esteban (vale, el niño es aún más feo, si ello cabe); los adultos no son mejores: el padre del protagonista cumple todos los tópicos: arrasado por la precoz muerte de su mujer, con dificultades de entendimiento con su hijo adolescente, habrá de enfrentarse a todos (con procedimientos pintorescos cuando no directamente inverosímiles) para salvar a su retoño. Y bla, bla, bla…

La historia no se sostiene, y los tour-de-force, como el accidente ferroviario, es un modelo de cómo no filmar una escena de catástrofe: a fuer de exagerada resulta increíble; ahí es nada, una furgonetita poco mayor que un seiscientos es capaz de, literalmente, reventar (y además el conductor quedar sólo malherido, y no directamente hecho papilla) todo un convoy de quince o veinte vagones; además, los seis pipiolos protagonistas, que están metidos en todo ese fregado, a escasos metros de donde el tren explota como en un Apocalipsis nuclear, no reciben ni un mero rasguño: será que las criaturitas tendrán un prodigioso ángel de la guardia…

Las inverosimilitudes se multiplican, a cual más descabellada. Así las cosas, llega un momento en que el espectador desconecta, a la espera de que se termine este revoltijo de insensateces; y menos mal, porque al menos durante los títulos de crédito disfrutamos de la que se supone es la película en formato súper 8 que da título al filme, una cosa a lo Ed Wood perpetrada supuestamente por los niños protagonistas, donde al menos nos podemos reír un rato con los disparates que, en este caso, están perfectamente justificados.

Parece que J.J. Abrams, cuyos créditos como productor, guionista y director son notables (entre otros, la serie televisiva de culto Perdidos, el afortunado revival de 2009 de Star Trek o el ya mentado e interesante Monstruoso), se ha dejado contaminar por el buenismo spielbergiano, que con la edad está perdiendo la chispa juvenil de sus mejores títulos para, en los últimos tiempos, adocenarse y repetirse cual culo de pepino. Lástima, porque Abrams es uno de los nuevos valores de Hollywood, y su imaginativa creatividad y buen pulso narrativo se merecen no quedar coartados por quien ya empieza a ser una momia del cine…

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112'

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Super 8 - by , Aug 29, 2011
1 / 5 stars
Infra 8