Película: Taxi Teherán

Jafar Panahí es uno de los más interesantes cineastas persas, y decir eso es decir mucho, en un país que, a pesar de la dura censura teocrática, ha dado directores de la talla de Abbas Kiarostami o Asghar Farhadi.

Panahi tiene ya una larga carrera a sus espaldas. Se dio a conocer con El globo blanco, y sucesivamente filmes como El espejo, El círculo y Fuera de juego lo situaron a la cabeza de la cinematografía de su tierra y le situaron en el mapa de los más prestigiosos directores internacionales. Quizá no tan exquisito y sutil como Kiarostami, su cine es sin embargo vigorosamente realista, casi neorrealista, y desde hace ya muchos años es también un cine comprometido con la realidad de sus paisanos, lo que le ha llevado a ser encarcelado por sus ideas y prohibírsele por el régimen teocrático persa ejercer su profesión.

De esa prohibición nace esta Taxi Teherán, rodada por el propio Panahi como protagonista, director, guionista, montador y director de fotografía, totalmente filmado desde dentro del taxi que utiliza Jafar, y en el que se irán subiendo distintas personas que van ofreciendo una imagen caleidoscópica del Irán de mediados de la década diez del siglo XXI, una sociedad joven y vigorosa, aherrojada por las estrecheces de un régimen que pone a Dios, su dios, por encima del ser humano, como si las relaciones del ser humano con cualquier deidad en la que crea no fuera el más íntimo de los actos, sin  nada que ver con la forma en la que el hombre y la mujer se organizan administrativamente para vivir, para convivir, a veces para sobrevivir.

Aunque parezca que la angostura de un taxi pudiera hacer claustrofóbico el relato, lo cierto es que la planificación de Panahi, con varias cámaras y diversas historias que se van desgranando entre los distintos pasajeros del vehículo, hacen que el filme sea ligero, casi volátil. El director, guionista y prácticamente hombre orquesta nos plantea su película como un falso documental, jugando con el espectador en cuanto a qué hay de verdad y qué de guionizado en el filme; nos decantamos por esto último, por ser una película de ficción perfectamente planificada, con apariencia de documental.

Sus supuestos pasajeros parecen en una primera instancia plantear conversaciones triviales, generalmente en clave realista (o neorrealista, si queremos utilizar un término tan querido al cine); así las primeras nos hablarán de la diversa consideración que entre la población tiene el castigo penal por delitos menores, con discusión entre la postura maximalista y la pragmática, pero también asistiremos al floreciente mercado negro de cine (similar al de música o literatura en un régimen cerrado sobre sí mismo y sobre lo que supuestamente conviene a sus súbditos) y a algunas supersticiones locales (ese pez que tiene que ser depositado en un manantial justo a una hora determinada, so pena de acarrear graves peligros para sus dueñas…), para poco a poco adentrarse en los pantanosos terrenos de la disidencia: la sobrina del director le habla de las características que tiene que tener la película que han encargado en su colegio como deberes de clase, una serie de condiciones que harían que no se pudiera rodar otra cosa que Heidi (con pañuelo en la cabeza, eso sí…); y, sobre todo, la señora de las rosas (así deliciosamente llamada por el taxista-director y su redicha sobrina), que cuenta el proceso de acoso y derribo de las autoridades contra quienes piensen y actúen en contra del régimen.

El final, fascinantemente acorde con el proceso que hemos visto y con la vigilancia a la que el sistema de los ayatolás mantiene constantemente sobre uno de sus hijos más preclaros pero a la vez más críticos con la infamia de sus gobernantes, redondea una película necesaria, hecha con tres perras gordas pero con una extraordinaria capacidad de síntesis y de denuncia (sotto voce: incluso en la clandestinidad Panahi tiene que ser cauto…), y con una desusada facultad para concitar interés con unos tan parvos mimbres.

El filme ganó tan merecidamente el Oso de Oro de Berlín; un premio no sólo a la gran película que es, sino a un director que rueda en condiciones penosas, a un cine de resistencia hecho por un cineasta obligado a filmar con un taxi como plató y un puñado de valerosos actores cuasi anónimos como protagonistas. Que en esas condiciones el resultado sea una pequeña maravilla como ésta no deja de ser reconfortante.


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68'

Año de producción

Taxi Teherán - by , Sep 01, 2016
4 / 5 stars
Cine de resistencia