Película: Templario El cine británico sigue insistiendo en rentabilizar su pasado histórico, ya no volviendo a las etapas más visitadas por el audiovisual inglés, como pudiera ser la época victoriana o los monarcas Tudor, sino llegando más atrás, a aquellos años en los que se estaba formando lo que, con el tiempo, sería el Imperio Británico. La época de la caída de Roma en las Islas Británicas ha sido tocada en los últimos años en filmes como Centurión, La Legión del Águila o El rey Arturo. En esta Templario se habla de otra época, también visitada con cierta frecuencia por el cine, la del reinado de Juan Sin Tierra durante la Cruzada que acometió el rey Ricardo Corazón de León y su posterior cautiverio. Esa etapa histórica, con un aciago rey escaso en caletre y sobrado de soberbia y de crueldad, se ha reflejado en cine fundamentalmente sobre la base mítica de Robin Hood, quien supuestamente luchó contra la vesanía del rey Juan.

La película que comentamos, sin embargo, se centra en uno de los pasajes de la vida de Juan Sin Tierra de los que se tiene certeza histórica: la forzada firma de la Carta Magna, que permitía a los nobles de la época fiscalizar la política real, y con ello reducían al monarca a una suerte de "primus inter pares". El rey, que no había firmado de buen grado la Ley, pronto tomó venganza de los aristócratas que le obligaron a signarla. Claro que ese es el pretexto del filme, pero pronto comprobamos que de lo que se trata, como tantas veces en el cine comercial moderno, es de tener una excusa sobre la que montar una orgía de sangre y violencia.

El contexto histórico entonces se reduce a paisaje del argumento, con guerrero templario celoso de su voto de castidad que finalmente lo mandará a paseo ante la insistencia cual perra salida de la bella del castillo, cuyas necesidades carnales no son cubiertas (perdón por el verbo, con ese doble sentido tan erótico...) ni por asomo por su anciano esposo, y, por supuesto, a las continuas luchas del soberano Sin Tierra contra los paladines de la Carta Magna, culminando con el asedio del castillo de Rochester, literalmente horneado por el monarca felón aprovechando una mina subterránea bajo la edificación.

Pero los personajes carecen de relieve, más allá del brochazo grueso que los guionistas le atribuyen; James Purefoy (recordable en la serie televisiva Roma por el inmisericorde y rijoso Marco Antonio que compuso) se limita a simular con escaso éxito una trastienda que no existe, la de un guerrero curtido en numerosas batallas por su fe, asido a ella como salvavidas; Paul Giamatti, generalmente excelente, aquí está lamentable, con un pelucón inverosímil y una corona que parece la de cartón que dan a los niños en el Burger King; entre los veteranos nos quedamos con la elegancia y nobleza del gran Derek Jacobi, el inolvidable protagonista de Yo, Claudio, uno de esos actores que mejoran cualquier filme en el que intervenga.

Jonathan English, el director, de escasa y no precisamente estimulante filmografía, pone en imágenes con cierto oficio pero sin creatividad alguna. Seguramente tendría mejor porvenir repartiendo cartas o cocinando pollo al soufflé (ambas, por lo demás, dignísimas ocupaciones), pero no parece que pase a ninguna Historia del Cine. Al menos no por esta olvidable Templario...

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121'

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Templario - by , Aug 01, 2011
1 / 5 stars
Inglaterra mira hacia atrás