Película: The assassin

Hou Hsiao-Hsien es, con permiso de Ang Lee, el cineasta taiwanés más internacional. Tiene una carrera ya bastante dilatada, que se inicia a principios de la década de los ochenta, pero de cuyos títulos sólo cuatro han llegado a Occidente. Su mayor éxito fue El maestro de marionetas (1993), que le mostraba como un director amante del cine críptico y contemplativo. Aquella película, que le procuró el Premio del Jurado en el Festival de Cannes, le abrió las puertas de Europa, si bien la morosidad de su cine, su hermetismo, no le ha servido de gran cosa, pues su cine, como decimos, apenas se ha distribuido en el Viejo Continente.

The assassin también fue galardonada en Cannes, en este caso con el Premio al Mejor Director. Se presentaba como la primera película de artes marciales del cineasta taiwanés,  y ciertamente el personal cinéfilo, a la vista de los antecedentes de Hou, se harían cábalas sobre cómo afrontaría este director del ensimismamiento el reto de poner en escena una de porrazo y tentetieso. La respuesta, como casi era de esperar, es hacerlo sin que casi haya lucha alguna. Estamos entonces ante un filme de artes marciales sin prácticamente artes marciales, sólo algunas pinceladas que, desde  luego, no pueden hacer que lo encajemos en un filme de acción ni aventura.

Eso, por supuesto, no es ningún desdoro: cuantos filmes se reputan de una cosa y después van de otra, muy distinta, y son más valiosos en lo que realmente aportan que en lo que hurtan. Pero en el caso de The assassin el problema no es que en vez de una historia de acción sea un drama, sino que es un drama tan hermético, tan enigmático, tan incomprensible, que para entender la trama hay que tirar de la gacetilla ofrecida por la distribuidora. Y, por supuesto, estamos hartos de repetir que lo que se cuenta en una película tiene que estar en esa película, no en textos ajenos ni adjuntos a ella.

Así las cosas, The assassin queda como un bello, bellísimo experimento, con una historia que (si la gacetilla de la distribuidora no miente…) va de joven adiestrada en una secta de asesinos, aunque tocada por algo llamado piedad (qué cosa para un criminal…), y que en su edad adulta es encargada de acabar con el hombre que ama, a la sazón uno de los poderosos gerifaltes de la China del siglo séptimo. Insisto, eso siempre que la gacetilla no nos haya dado gato por liebre. Porque lo que es por lo que se nos cuenta en la película, desde luego, difícilmente llegaremos a esa conclusión. Allí todo es confuso, bellamente confuso, pero confuso, inconexo, a ratos errático. Está filmado con una exquisitez, con una brillantez formal extraordinaria. No se ahorran hermosos recursos cinematográficos, como rodar varias secuencias tras las evanescentes, traslúcidas cortinas de palacio, ofreciendo con ello unas imágenes de una originalidad y una belleza que quitan el aliento.

Pero, qué quieren que les diga. Debo ser un antiguo cuando creo que a una película hay que pedirle algo más que una belleza hueca, algo más que una preciosura vacía. A un filme, y sobre todo a un filme que tiene vocación de ser visto por el público medio (más o menos medio: no me imagino al espectador de Sálvame De Luxe o Mujeres, Hombres o Viceversa comprando una entrada para ver The Assassin…) hay que exigirle que no aburra a modo; el primer mandamiento, no aburrir, decía ese grande, gordo y sabio de Hitchcock. No pedimos otro Fast & Furious, estaría bueno, pero sí algo a lo que agarrarse, algo en lo que centrarse, algo con lo que poder conectar.

Hermosa, estetizante, inane. Le cuadran muchos adjetivos, algunos más positivos que otros. Visto lo visto, no es de extrañar, volviendo al comienzo de esta crítica, que de los veinte largometrajes realizados en los últimos treinta y cinco años por este ya veterano cineasta taiwanés, sólo se hayan estrenado cuatro en España. Ahora ya lo vamos entendiendo todo…


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105'

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The assassin - by , Dec 02, 2015
1 / 5 stars
Críptica. Estetizante. Contemplativa