Película: The girl and her trust Entre los primeros filmes de David Wark Griffith (véase, por ejemplo, A calamitous elopement, de su primer año como director, 1908) y esta The girl and her trust hay una notable diferencia: la que dista entre lo que era un balbuceo, un esbozo, un bosquejo de lo que sería su cine (de lo que sería el Cine, con mayúsculas, del que Griffith fue su máximo valedor, a nivel de creación de lenguaje, durante los treinta primeros años de vida del nuevo arte) y su máximo nivel como cineasta, que puede reputarse lo alcanzó con el díptico El nacimiento de una nación e Intolerancia (que siempre se citan juntas, como Pili y Mili…), en 1915 y 1916, respectivamente.

The girl and her trust no es argumentalmente ninguna maravilla: su historia es sencilla y directa, sin muchas complejidades: tenemos a una chica, telegrafista, que es cortejada algo rudamente por el chico de la  película; tras el previsible rechazo de la bella y la salida de la estación de ferrocarril del muchacho, llegan dos facinerosos con la idea de llevarse un dinero muy curioso que ha llegado en tren, y la chica tendrá que enfrentarse a ellos, primero encerrándose en la habitación del telégrafo y cableando a sus colegas de la estación más próxima para pedir ayuda contra los ladrones, y después, cuando los villanos optan por arrastrar el (literalmente) cofre del tesoro, que pesa más que un mal marido, entonces la guapa decide tirarse al monte e intentar boicotear la fuga de los malhechores haciéndoles frente en el exterior. Finalmente, tras una trepidante persecución sobre artilugios ferroviarios, los malos son atrapados y la muchacha y su pretendiente son felices y se comen lo que parece un  pedazo de pan, en lugar de las consabidas perdices…

Debe verse entonces este filme con una doble perspectiva: por un lado es el típico producto industrial que la Biograph, la productora habitual de sus películas, demandaba a sus cineastas a sueldo para alimentar la floreciente demanda de cine que ya por aquel entonces existía en Estados Unidos, su mercado natural; por otro, Griffith perfeccionaba su estilo, que ya entonces era casi impecable. La narración es notable, milimétricamente organizada, y aunque la historia es una pamema, el ritmo es perfecto, jugando incluso con conceptos que por aquel entonces estaban en mantillas, como el suspense (cuando los malhechores intentan abrir la puerta de la oficina de telégrafos mientras ésta envía angustiosas llamadas de socorro vía raya, punto, raya). Además, Griffith ensaya a gran escala uno de los más espectaculares recursos cinematográficos, el “travelling” (sí, ya sé que en español debe decirse travelín, pero me parece una mamarrachada de los académicos), aprovechando la persecución ferroviaria del último tramo del filme, secuencia en la que la locomotora y el vehículo auto-movible en el que escapan los malos (y la chica a la que han secuestrado) son grabados lateralmente por la cámara.

Filme alimenticio pero a la par ejercicio de perfeccionamiento, The girl and her trust forma parte de la gran cantidad de cortometrajes que, de 1908 a 19014, fueron conformando el estilo personal, seguro, directo y con dominio absoluto de los recursos cinematográficos que constituirían la marca de fábrica de D.W. Griffith, uno de los escasos hombres que se puede reputar, sin faltar a la verdad, como uno de los padres del cine. Otros que también lo reclaman no llegan ni a padrastros…

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16'

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The girl and her trust - by , Jun 01, 2013
3 / 5 stars
Perfeccionando el estilo