Película: The show De la pléyade de actores y directores del cine cómico mudo norteamericano (Chaplin, Keaton, Lloyd, Arbuckle, Sennett, Langdon…) quizá el menos conocido sea Larry Semon, a pesar de que durante la segunda mitad de los años diez y prácticamente todos los veinte tuvo gran repercusión en su país y fuera de él. En España se le conoció como Jaimito, al igual que Buster Keaton era Pamplinas o a Chaplin le llamaban Carlitos.

Semon, de familia de artistas, pronto conectó con el mundo del cine, que fue un tránsito habitual para mucha gente de la farándula de principios de siglo, y a partir de 1915 dirigió y protagonizó un gran número de cortometrajes; y decimos bien, cortometrajes, porque apenas rodó algún largo que otro, como El mago de Oz, que se reputa el antecedente más claro del clásico homónimo de Victor Fleming, con la gran Judy Garland.

Así pues, Semon se especializó en cortos, diferenciándose en eso de la mayor parte de los grandes cineastas de su época, que transitaron con naturalidad del corto al largo. También tuvo otras características diferenciadoras, entre ellas la de dedicarse de forma prácticamente monográfica al humor de corte slapstick, el humor que se provoca con la broma de violencia física sin mayores consecuencias: el tartazo en la cara, la patada en el trasero, vulgo culo, y gags de semejante jaez. Semon no gustaba de complicaciones argumentales, poniendo en escena con funcionalidad sus historietas que buscaban descaradamente la risa del público con recursos fáciles pero seguros. Jugaba con frecuencia con la fuerza de las carambolas, con frecuentes incidentes provocados por caídas de botes cuyo contenido ponía perdido al personaje de turno, pero también le gustaba hacer cine espectáculo, con escenas de percutante acción en las que eran habituales la intervención de motos, coches, trenes, barcos y hasta aviones. Todo ello le granjeó fama (sin duda merecida) de despilfarrador, y tuvo serios problemas financieros al final de su vida, muriendo bastante joven, a los 39 años, por causas un tanto oscuras.

Este filme, The show, es paradigmático de sus cualidades: gusto por el slapstick y el nonsense, trama ligera y sin complicaciones, todo ello en una especie de sala de variedades o teatro, y una parte final, ya en el exterior, en la que una persecución a los malos de turno (malos y tontos, como era habitual en la época) se lleva a cabo en moto, coche y tren, llevándose este último por delante hasta una casa de madera.

Película que resulta ser casi un compendio del cine semoniano, nos recuerda que el cine cómico, del que salieron grandes trágicos, tenía valor por sí mismo, en contra de lo que se ha pensado con demasiada frecuencia sobre la banalidad de este género reputado a veces, injustamente, como menor.

Larry Semon codirigió con Norman Taurog, con el que compartió esta tarea en varios cortos. Sin embargo, en contra de lo que sucedió con Semon, que murió en los balbuceos del cine sonoro, y de la mayor parte de los grandes del cine mudo, Taurog tuvo una larga carrera posterior, y, aunque no rayó a gran altura, sí tuvo una dilatada carrera como seguro profesional, convirtiéndose, por ejemplo, en el cineasta que dirigió buena parte de las películas protagonizadas por Elvis Presley.

En el reparto, aparte de Semon y su peculiar caracterización (con pantalones bombachos de tirantes subidos hasta el pecho, lo que lo hacía parecer más gordo de lo que era y le confería un cómico aspecto rechoncho), destaca Oliver Hardy, el inolvidable componente (junto a Stan Laurel) de la pareja que el siglo conocería como El Gordo y El Flaco.

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25'

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The show - by , Aug 04, 2013
3 / 5 stars
¡Que empiece el espectáculo!