Película: Thomas vive

El onubense Antonio Cuadri tiene ya una más que amplia carrera audiovisual, en la que ha compatibilizado dirección, producción y guión, cine y televisión. En su faceta como director ha tenido algunos títulos remarcables, como La gran vida y, sobre todo, La buena voz, y en el apartado televisivo ha puesto su buen oficio al servicio de reconocidas series como Al salir de clase, Manolito Gafotas o Cuéntame como pasó, entre otras muchas.

Su anterior empeño cinematográfico, la ambiciosa El corazón de la tierra (2007), no funcionó como se esperaba, y tal vez esa circunstancia haya pesado en su vuelta al cine, aunque entretanto ha seguido haciendo televisión sin pausa. Thomas vive, su regreso al celuloide (por decirlo con una expresión vintage, casi una alegoría…) es entonces un proyecto modesto, prácticamente una obra “de cámara”, en el sentido clásico de la expresión.

Thomas vive pertenece a esa rica tradición de filmes que mezclan la filmación de una película o el ensayo de una obra teatral con las vicisitudes, las vidas personales de los actores y técnicos que teóricamente las filman o las ensayan. Una tradición que va desde La noche americana (1973), de Truffaut, a La mujer del teniente francés (1981), de Karel Reisz, pasando por V.O.S. (2009), de Cesc Gay, entre otras muchas, todas ellas en el apartado de “cine dentro del cine”, o Vania en la calle 42 (1994), de Louis Malle, y César debe morir (2012), de Paolo y Vittorio Taviani, que se inscribirían más en el apartado de “ensayo teatral dentro del cine”.

Cuadri y su guionista Claudio Crespo sitúan la acción en el Monasterio de San Isidoro del Campo, en la sevillana localidad de Santiponce, que presta sus extraordinarios atrios, capillas y celdas para situar un ficticio día de ensayo en una obra teatral que se prepara sobre la caída en desgracia de Thomas More, en español Tomás Moro, el noble inglés que llegaría a la santidad por resistir contra viento y marea la presión de su rey, Enrique VIII, y no ceder ante la pretensión del monarca de convertirse en jefe de la Iglesia en Inglaterra (lo que daría pie al cisma anglicano), todo ello para poder separarse de la reina Catalina de Aragón y desposarse con su favorita Ana Bolena.

La película juega, como en estos casos es habitual, con la intersección entre los textos que se declaman y la vida personal de los actores y resto del equipo que prepara la obra. Tendremos entonces por un lado el dramático, casi fatalista camino de Moro hacia el cadalso, con su familia intentando disuadirle de su posición, con el rey que busca a toda costa su sumisión y con ello revestir de honorabilidad su maniobra política y conyugal, con la corte en pleno que no entiende como quien todo lo tiene todo lo arriesga por una cuestión de convicción. Por otro, veremos la delicada situación del director de escena, que tiene a sus órdenes a su ex, cuando los corazones de ambos aún tiritan, pero también la cartera de ella; la actriz joven, que dedica cualquier momento libre a interesarse por su bebé, en su casa; el resto de los actores, con sus egos, sus euforias, sus depresiones.

Cuadri consigue sus mejores momentos, como era de esperar, en aquellas escenas en las que realidad (la realidad irreal de la película) se mezcla con la ficción (los ensayos de la obra que se está montando); así, cuando el director de escena toma el papel del protagonista para hacerle ver como quiere que interprete el personaje, y es su ex mujer la que hace el papel de la esposa de Moro, los diálogos suenan de forma distinta, como si la conversación entre los personajes de la obra fueran, en realidad, lo que se dicen los ex amantes en su vida real.

Por otro lado, la esmerada dicción teatral, comprensible sobre las tablas para que el espectador de la última fila del patio de butacas también se entere de la declamación de los intérpretes, juega aquí sin embargo en contra del verismo del filme: si esa dicción podría aceptarse en los textos ensayados, sin embargo cuando los actores y actrices actúan como sí mismos, no como sus personajes de la Inglaterra del siglo XVII, hubiera convenido que su habla hubiera sido más natural, más coloquial.

En conjunto, Thomas vive es una interesante, estimulante película sobre actores y convicciones, sobre amores y familias, sobre vidas y sobre muertes, que confirma la valía de Cuadri como director y guionista, y nos lo muestra en buena forma para afrontar nuevos proyectos.


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104'

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Thomas vive - by , Nov 26, 2014
2 / 5 stars
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