Película: Thor La verdad es que cuando me enteré de que Kenneth Branagh había sido el elegido para dirigir la adaptación al cine del cómic Thor, publicado a principios de los años sesenta por sus autores, Jack Kirby y Stan Lee, muy libremente inspirados en los personajes homónimos de la mitología escandinava y germánica, pensé que el director y actor norirlandés poco tenía que ver con ese universo de héroes de plexiglás que es lo que habitualmente hay en los cómix de Marvel. ¿Qué haría un exquisito shakespeareano como él, adaptando un superficial tebeo de acción y aventuras?

Pues lo cierto es que, sin ser nada del otro jueves, al menos Branagh ha sabido dotar a la película de una cierta aura que recuerda, aunque sea tangencialmente, al bardo de Stratford-upon-Avon. Acostumbrados a una filmografía del norirlandés plagada de Shakespeare (a vuela pluma: Enrique V, Mucho ruido y pocas nueces, Hamlet, Trabajos de amor perdidos, Como gustéis), verlo en una peli de fantasía, acción a raudales y efectos especiales parecía cuando menos chocante.

Branagh ha cumplido el objetivo comercial (la recaudación en USA durante el primer fin de semana, 65 millones de dólares, así parece confirmarlo), pero también se ha permitido, con la ayuda de sus guionistas, hacer un excurso shakespeareano, nada menos que homenajear El rey Lear, aunque para la ocasión haya tenido que travestir a Cordelia de tío cachas e imponerle el sonoro nombre de Thor, dios del trueno. Porque, a fin de cuentas, la historia que se nos narra no es sino la inmortal de Lear, el rey que repudió a una de sus hijas, que será, sin embargo, la que finalmente acudirá en su auxilio cuando el monarca esté en peligro. Así las cosas, seguramente este Thor debe ser el cómic cinematográfico más intelectual que se haya hecho (con permiso, quizá, del Hulk de Ang Lee, que buceaba en las procelosas aguas de las relaciones paterno-filiales, y también de El caballero oscuro, de Christopher Nolan, el héroe con más paranoias de todos los tíos en leotardos de DC Comics, su propietaria industrial, e incluso de la rival Marvel).

Dicho lo cual, no vayan a creer que estamos ante una obra maestra, ni siquiera ante una buena película; Branagh resulta rutinario en las escenas de acción, como otro pegaplanos cualquiera de Hollywood; parece como si no le interesara especialmente, y cae en los mismos errores de mala planificación de las escenas, montaje sincopado y exageración inverosímil que es habitual en los artesanales, impersonales cineastas que suelen rodar estos filmes. Sin embargo, cuando está en pantalla Anthony Hopkins como el imponente rey Odín, se produce como una transformación, y lo que es una endeble historia de mandobles y mamporros con estética de Masters del Universo se convierte en un tenso drama de estirpe shakespeareana: para que luego digan que no es posible la transmutación de los metales… Lo malo es que los momentos intensos son los menos, y los más los que recuerdan que estamos ante un tebeo costosísimo para impúberes palomiteros.

Así las cosas, queda un filme muy irregular, con esporádicas irisaciones de talento, pero en general bastante vulgar. No está a la altura del cine branaghiano, pero quizá era demasiado pedir a un cómic no precisamente inspirado, como es el caso de este hijo putativo del poderoso Dios del Martillo escandinavo…

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114'

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Thor - by , May 15, 2011
2 / 5 stars
Lear en Asgard