Película: Tirante el Blanco

Vicente Aranda tiene más que probada su capacidad para versionar obras literarias. Sin embargo, no siempre ha estado afortunado, y en el caso de la adaptacion de Tirant lo Blanc, la novela de caballería que escribieran Joanot Martorell y Martí Joan de Galba en el siglo XV, no ha dado en la diana (o en el blanco, dado el título...). Las claves de esta fallida versión habría que buscarlas en varias cuestiones; por un lado, el irrealismo, por no decir surrealismo del texto original, como buena novela de caballería que es, aunque ahora parece toca reivindicar el género, por aquello de que El Quijote también lo era, pero olvidando que entre el caballero de Cervantes y el Amadís de Gaula, por poner el caso más evidente, hay un abismo de calidad literaria.


Así las cosas, esta historia ambientada en la Constantinopla asediada por el Gran Turco en el siglo XV, con su caballero andante Tirante el Blanco que acude en socorro del Emperador y termina jugando un papel central en la lucha de alianzas del reino (si desvirga y se casa con la heredera, mantendrá el Imperio en poder del cristianismo; si es el sultán el que casa con la bella, caerá entonces del lado musulmán), no termina de tener hechuras verosímiles. A esa sensación de falsedad, que saca al espectador de contexto, contribuye la escenografía minimalista, casi de arte bizantino, que se ha elegido para reproducir las construcciones del Imperio Romano de Oriente.


Para remate de los tomates, buena parte de los intérpretes parecen estar seleccionados a ver cuál de ellos es más malo: Caspar Zafer, el Tirante, es un cara de palo que no merece ser llamado esfinge; Esther Nubiola, la heredera, es una pánfila gordezuela que no parece capaz de seducir ni a Tirante, ni al Turco, ni al mismísimo Nacho Vidal; imaginar que Giancarlo Giannini puede ser el poderoso Emperador bizantino es para troncharse de risa; hasta Ingrid Rubio, generalmente solvente, aquí está patética. Menos mal que Leonor Watling sí está como siempre, espléndida, y que Victoria Abril compone una arpía de armas tomar, una ninfómana que no se sabe muy bien si quiere apartar a Tirante del lecho de Carmesina por cuestiones políticas, o simplemente para beneficiarse al caballero andante.


Se ha hablado mucho del altísimo presupuesto manejado por Aranda, catorce millones de euros; quizá esa sea la clave definitiva de este fiasco: demasiado dinero para quien está acostumbrado a trabajar con cifras mucho más modestas; y es que mantener el control sobre un monstruo de tantísimos millones debe ser algo realmente difícil, y Vicente Aranda ya no es ningún niño... Por supuesto que la película es artísticamente irreprochable: magnífica fotografía, excelente música de reminiscencias medievales, costeada ambientación... pero las perlas arandianas escasean; aquí apenas un par de ellas: una, el sueño inicial de la heredera, con sus consejeras volando sobre su lecho como espectros funambulistas; otra, la escera erótica a tres bandas, con Carmesina medio dormida, Placer (el curioso nombre del personaje de Watling) haciendo de mamporrera o alcahueta, y Tirante detrás, mano arríba, mano abajo. Pero al autor de Fanny Pelopaja, Amantes o Intruso hay que pedirle mucho más.


 


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130'

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Tirante el Blanco - by , Sep 02, 2017
2 / 5 stars
El presupuesto se comió al autor