Película: Titanic

Esta crítica se escribe tras un tercer visionado de este filme que, se quiera o no, forma ya parte de la Historia del Cine. Y lo cierto es que el hecho de haber sido vista en tres ocasiones, en vez de empeorar su consideración crítica, como tantas veces ocurre, la mejora.


Hasta ahora tenía a Titanic por un hábil juguete que combinaba con sagacidad romanticismo y espectacularidad, pero su repetida revisión me hace ver más allá: hay en este filme que es, ciertamente, un melodrama espectacular, elementos que trascienden el mero tópico, el entretenimiento "ad hoc" de muchos millones de dólares para entrar, de lleno, en el Olimpo de las grandes películas de todos los tiempos; y estoy pensando en indiscutibles como Lo que el viento se llevó o Casablanca. ¿O no es de la misma estirpe de grandeza y carisma el "soy el rey del mundo" que grita el Jack que hace DiCaprio en la proa del transatlántico, que el "pongo a Dios por testigo que nunca más volveré a pasar hambre" o el "tócalo otra vez, Sam", inolvidables iconos de esas míticas películas?


La inteligente mezcla de amor y espectáculo se cimenta en personajes como la joven de buena familia venida a menos y, por ello, comprometida con un rico heredero; éste, arrogante, fatuo, tan elegante como inhumano, mezquino hasta la abyección; el amante pobre, un artista tocado por los dioses, divertido y valiente, un paladín que no tiene donde caerse muerto; el esbirro del malo, con casi tanta mala leche como la Bruja de Blancanieves... Todos ellos son arquetipos, es cierto, pero tienen carne y hueso, no son meras perchas en las que colgar las virtudes o defectos que los guionistas han decidido que lleven.


¿Qué decir, entonces, de algunas de sus antológicas escenas? Aparte de la citada declaración de intenciones de Jack Dawson/Leo DiCaprio, mascarón de proa (nunca mejor dicho...) del filme, hay otras imborrables; de entre todas, me quedo con la sutileza del rostro cuasi agónico de la protagonista, Rose/Kate Winslet, imperceptiblemente iluminado por la luz de las linternas de las lanchas que buscan supervivientes, mientras al fondo suena, casi inaudible, la voz que clama en el desierto de agua helada y muertos, indagando desesperadamente un hálito de vida.


Hay, por supuesto, dos partes bien definidas: la primera, donde se "cuece" la historia de amor; la segunda, donde brillan sobre todo los efectos especiales y la grandiosa espectacularidad del hundimiento del Titanic, dada con tal verosimilitud que sobrecoge el ánimo más templado. Esa última hora y media es puro cine, realizado con precisión de relojero suizo, pero también con inspiración de artista renacentista y con una matizada pero implacable progresión de intriga. El hermoso final, donde el amor triunfa más allá de la muerte, como en el verso de Quevedo, nos reconcilia con el cine y, ¡ay!, con el Ser Humano.


 


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Duración

180'

Año de producción

Titanic - by , Oct 18, 2014
4 / 5 stars
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