Película: Todo es de color

Gonzalo García-Pelayo es un director (además de otras muchas facetas profesionales, alguna de lo más pintoresca) fundamental dentro del cine andaluz. Dirigió en 1976 Manuela, la que se considera película fundacional de la cinematografía producida en Andalucía, y posteriormente, de forma intermitente, ha aportado filmes de varia laya que constituyen todo un muestrario de lo que en cine se puede hacer, desde el vanguardismo más osado, a la manera de un Godard, en obras como Vivir en Sevilla, pero también curiosísimas mezclas de erotismo e intelectualidad, en Frente al mar (también conocida como Intercambio de parejas frente al mar: eran tiempos del cine clasificado “S”…) y Corridas de alegría (aclaramos que su tema no eran los toros, por si hay algún despistado…), pasando por el más académico cine comercial al uso, en Rocío y José. Tras treinta años de silencio en cine, volvió a dirigir en Alegrías de Cádiz, y ahora lo vuelve a hacer con esta peculiar Todo es de color.

La película cuenta el homenaje que un grupo de antiguos amigos, conocidos, parientes y demás afectos hacen a los componentes del grupo Triana, mítica agrupación de rock andaluz que hizo furor durante buena parte de las décadas de los setenta y los ochenta, con éxitos como Tu frialdad, Sé de un lugar, Abre la puerta y Todo es de color, canción esta última que da título al filme. El grupo de amigos y afectos se reúne en el cementerio de San Fernando, en Sevilla, ante las tumbas de Jesús de la Rosa y Juan José Palacios “Tele”, fallecidos en 1983 y 2002, respectivamente. Desde allí parten hacia Los Caños de Meca, donde vive retirado el tercer miembro del grupo, Eduardo Rodríguez Rodway, y donde se va a celebrar un festival en recuerdo de la banda de rock. Por el camino, como la “road movie” que en el fondo también es, habrá tiempo para que una joven, que no conoció por motivos de edad a los míticos difuntos, se empape del universo trianesco.

Todo es de color nace, evidentemente, de la intención por parte de Gonzalo García-Pelayo, que fue manager y productor de Triana, de recordar al legendario grupo cuando se han cumplido ya sobradamente los treinta años desde la muerte de Jesús de la Rosa, principio del fin de la banda, que nunca más volvería a ser lo que fue en las sucesivas (y polémicas) resurrecciones que tuvo. Triana marcó toda una época con un sonido muy especial, propio, tan fácilmente identificable como difícilmente copiable. Otra cosa es que cinematográficamente Todo es de color no consiga ser una buena película, pero creo que el propio García-Pelayo, que de esto sabe un rato, es consciente de ello.

Porque la loable intención del filme, realizar un tributo en toda regla a la mítica formación andaluza, se da de bruces con el planteamiento, con un inicio en el cementerio de San Fernando que, ciertamente, resulta falso de toda falsedad, como diría el clásico: no nos creemos a este grupo de cuasi ancianos (o ancianos del todo) llorando impostadamente a los viejos difuntos, muertos hace la friolera de 13 y 32 años, respectivamente, como si se hubieran muerto ayer mismo. Tampoco ayuda la inclusión de la clave de comedia que supone la línea argumental que interpretan Alfonso Sánchez, Jorge Cadaval y Ken Appledorn, sin duda graciosa pero como fuera de contexto, como si perteneciera a otro filme y se incluyera aquí para cubrir el metraje estándar.

Después está el tono del filme, quizá en exceso deudor de la peculiar idiosincrasia de su guionista (junto con Paco Millán Jr.) y alma mater, Javier García-Pelayo, hermano del director y todo un personaje, ya presente en algunos de los títulos de Gonzalo de los años setenta y ochenta (Frente al mar, Corridas de alegría), sobre cuya curiosa filosofía, entre senequista y epicúrea, reposa toda la artillería intelectual del filme. Algunas escenas, como la conversación de Javier en la playa con la jovencita que se ha unido al grupo, transmite esa sensación como de sabiduría primordial, como de manos en la tierra (expresión que se utiliza en alguna ocasión), que otorga apariencia de verosimilitud a tan desconcertante discurso. No digamos ya la más que peculiar alusión al "jodido Big Bang" y a la preeminencia del amor sobre ese momento mágico en el que todo empezó: según esa visión del mundo, el amor no nos pertenece, está ahí, imperecedero, quizá incluso anterior a que la sopa cósmica reventara en aquella primera “gran explosión” que dio lugar a cuanto conocemos.

Claro que el hecho de ser el filme tan deudor de la personalidad apabullante de Javier García-Gonzalo y de sus extravagantes teorías es un arma de doble filo, pues a ratos resulta fascinante y a veces otro adjetivo que rima con éste: cargante.

El conjunto gustará a los fans irredentos del grupo Triana, sin duda, pero ciertamente no pasará a ninguna Historia del Cine. Y si quieren que les diga la verdad, lo siento de veras: profeso auténtica admiración por Gonzalo García-Pelayo, por cuanto hizo por el cine andaluz, quizá sin saberlo en aquellos momentos, y también por su insobornable sentido de la libertad creativa. Pero me engañaría a mí mismo, y mentiría a los lectores, si dijera que Todo es de color es la obra maestra que, lamentablemente, no es…


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100'

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Todo es de color - by , Mar 23, 2016
2 / 5 stars
El jodido Big Bang