Película: Tokarev A lo mejor, en vez de hacer Tokarev, Paco Cabezas debería habernos contado una película sobre cómo consiguió hacer este filme en Hollywood, siendo un cineasta de hasta ahora corta carrera y no precisamente muy difundida. Dicho sea con todos los respetos, porque lo cierto es que apreciamos a Cabezas, no sólo por ser paisano, sino porque en su primer largometraje para la gran pantalla, Aparecidos, nos convenció de que había en su persona un director de fino olfato cinematográfico, tal vez adquirido en el videoclub en el que estuvo trabajando en la ciudad hispalense, como Tarantino lo hizo en su tierra natal.

Es verdad que su posterior Carne de neón era inferior, a pesar de lo cual, según tiene dicho el cineasta sevillano, fue su tarjeta de presentación para que los productores USA le confiaran este filme que, si bien no ha contado con un presupuesto de “blockbuster”, sí es cierto que con los 25 millones de dólares que ha costado hay para hacer unas cuantas películas en España.

El caso es que estamos ante el típico filme de encargo, en el que Cabezas ha contado con guión de otros (no precisamente distinguidos, dicho sea de paso), y que su trabajo ha sido enhebrarlo de la forma más coherente posible. Es cierto que la materia argumental no es excelsa, pero sí que la dirección de Cabezas es, de largo, lo mejor del filme: ya nos advirtió en sus mentadas películas antes citadas que lo suyo es la puesta en escena, la facilidad para tener buenas ideas cinematográficas que plasma con una virtuosidad, con un estilismo que, sin duda, ha debido ser una de las cosas que ha llamado la atención a los circunspectos productores yanquis.

La historia… bueno, es cierto que no es la típica con personaje afrentado que se venga de sus vejadores, y que el enfrentamiento con la mafia (rusa, en este caso) tiene variantes sobre lo habitual. Pero también que, sin ser una sarta de tópicos, y presentando ciertas cuestiones que la alejan del inane producto de venganza brutal (antes Bronson, ahora Neeson, entre otras esfinges), distan mucho sus personajes de tener auténtica “carne”: ni el protagonista, improbable delincuente regenerado en probo ciudadano, incluso benefactor de la comunidad, ni sus amigotes, que no pasan de ser arquetipos sin matices, y no digamos ya los villanos, con un mafioso americano en silla de ruedas (eso sí, gran presencia de Peter Stormare, uno de los mejores malos actuales del cine norteamericano) y uno ruso más bien retaco pero que puede decir justificadamente que le cabe el Kremlin (literalmente) en la espalda (tatuado, se entiende…).

Nos quedamos entonces con la clase de Paco Cabezas en la dirección: escenas como la persecución del ruso de cabeza rapada por parte del protagonista está rodada con un sentido cinematográfico del que podían aprender todos sus colegas norteamericanos, y alguna perla, como el primer plano, por partida doble, de la pupila de Cage, al principio y al final, y lo que en ella se refleja, alcanza la categoría de oro purísimo, un estremecedor tesoro de 24 quilates a 24 imágenes por segundo; esos pocos segundos igualan a Cabezas, en capacidad creativa, a un Scorsese, un Coppola: ahí queda eso.

Nicolas Cage prosigue con su carrera como héroe de acción; no somos precisamente admiradores de este actor (qué diplomático soy…), ni siquiera en su buena época, cuando rodaba con su tío (sí, el mismo Coppola que mentábamos antes), David Lynch o los hermanos Coen; al menos, eso sí, habrá que reconocerle que los tiene bien puestos por confiarse a un cineasta desconocido en aquellos pagos.

Pero si hay una presencia fascinante en el filme, ésa no es otra que Rachel Nichols, una turbadora ninfa que eclipsa a cualquier otro que aparezca en pantalla junto a ella. Danny Glover, en cambio, que tiene que apechar con un “no-papel”, bastante hace con sacarlo adelante a fuerza de experiencia y tablas.

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98'

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Tokarev - by , Jul 01, 2014
2 / 5 stars
El reflejo en la pupila