Película: Trance Danny Boyle se está revelando como un cineasta desconcertante: alterna los títulos de interés, como su iniciática Trainspotting, Sunshine o Slumdog Millionaire, con otros muy inferiores, como 28 días después, Una historia diferente o La playa. Parece que con este Trance ha tocado más bien el segundo palo, la de arena en vez de la de cal, aunque hay que reconocerle algunos méritos. El inicio es intrigante, y capta poderosamente la atención, con un ludópata que se busca malas compañías para robar un cuadro (un Goya, por cierto, Brujas en el aire) en la casa de subastas para la que trabaja, aquí llamada Delaney’s cuando todos sabemos que quiere decir Sotheby’s.

Conforme va avanzando la trama y aparece el personaje de la psicóloga, la cosa se complica y comienza a dar bandazos, como si los guionistas cobraran a tanto el giro argumental. Las películas que entran a saco en temas de psicólogos y psiquiatras suelen creer que, como en el terreno de la mente todo vale, pueden tirar de imaginación y contarnos cualesquiera cosas que se le ocurra al demiurgo en cuestión, los guionistas en este caso. Pero no: es cierto que pocas películas sobre esta temática, de la mente y sus desvaríos, tienen auténtica talla; así a bote pronto recuerdo algunos títulos, pero no muchos: Recuerda, de Hitchcock, Corredor sin retorno, de Fuller, Alguien voló sobre el nido del cuco, de Forman. Esta Trance no contradice esta regla que tiene sus excepciones, pero que no es su caso.

Es cierto que Boyle siempre ha sido un estiloso en cuestiones cinematográficas, desde su temprano éxito de Trainspotting, y aquí la resolución fílmica es irreprochable y hermosa. También lo es que, a estas alturas, ésa, la del bello continente, es una virtud limitada, y que si no está adecuadamente complementada por un fondo de interés, correctamente expuesto, todo se queda en una filfa.

Así las cosas, sólo quedan algunas esquirlas de talento, como algunos curiosos juegos con el espacio-tiempo que, aunque ya han sido explorados en otras ocasiones, siempre resultan vistosos y apreciables. Y queda, desde luego, el enorme valor que le ha echado Rosario Dawson, atreviéndose a dos “full frontal”, dos desnudos frontales (además, sin un pelo de tonta, ni de los otros), uno de ellos en primer plano, que pasarán a la Historia del Erotismo en el Cine por su explicitud; en eso gana de calle a sus dos partenaires masculinos, de los cuales sólo James McAvoy se atreve a mostrar un recatado desnudo posterior.

Como se imaginan, si tenemos que estar glosando los centímetros de piel o las partes pudendas expuestas a los ojos del espectador, es que no hay mucho más que contar en este fatigoso thriller de mentes calenturientas (nunca mejor dicho). Lástima, porque ese arranque brioso con lo que parece un atraco perfecto al estilo siglo XXI, hubiera merecido otro resultado. Pero habrá que esperar, quizá, al próximo empeño boyleano, a ver si toca (esa vez sí) la buena…

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102'

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Trance - by , Jun 18, 2013
1 / 5 stars
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