Película: Transformers Una de las peculiaridades que hacen del cine algo auténticamente especial es el hecho de que recibe influencias y toma sus temas de prácticamente el resto de las otras artes: novela, teatro, danza, poesía, historia, pintura, fotografía, televisión, cómic... Ya incluso lo hace de elementos ajenos a las artes: sin ir más lejos, este Transformers toma su materia argumental de unos juguetes fabricados en Japón hace ya varias décadas, si bien es cierto que su éxito en el país del sol naciente propició su asunción en Estados Unidos y la realización de sucesivas series televisivas, por lo que puede decirse, razonadamente, que aquellos iniciales juguetes se han enriquecido progresivamente con aportaciones varias, si bien es cierto que no se puede decir que sus creadores hayan rayado precisamente en el colmo de la originalidad ni de la inventiva.

Porque Transformers desarrolla, con sus variantes correspondientes, el eterno esquema, ya tan manido, de la lucha del Bien y del Mal, en este caso con fuerzas opuestas que resultan ser robots (robotes, habría que decir en español) con una facilidad para el transformismo que ya lo quisieran para ellas algunas afamadas “drag-queens”. Así, de un Chevrolet Camaro del año de los mengues sale un robot de color amarillo chillón de tamaño bloque de cuatro pisos y con problemas de afonía, y de un equipo compacto de música surge una especie de araña gigante con más mala leche que un cruce entre Hitler y Stalin. Hay dos razas de robotes, una que defiende el Bien, los Autobots, y otra que busca el Mal, los Decepticons. Como se ve, nada nuevo: en su lucha en la Tierra tendrán como aliado los primeros y como enemigo los segundos al típico héroe a su pesar, tirando a carajote pero con buen fondo. Otra vez El Señor de los Anillos o Star Wars, la N-sima vez (siendo N el número más aproximado a infinito) que se revisa el esquema de buenos, malos, pánfilo salvador y objeto más o menos fetiche (en este caso el Cubo, así llamado por su forma, de taumatúrgicas propiedades). Además, para la ocasión se “enriquece” (las comillas no son inocentes, claro) con una cierta subtrama directamente extraída de la saga American Pie  y similares, con adolescente salido y guapa aerodinámica que cae en sus brazos, porque hay que levantar (no sean mal pensados...) la autoestima de los jóvenes “teens” de perfil patito feo.

Michael Bay pone en imágenes las escenas de acción con su habitual destreza (recuérdese que entre sus créditos está la dirección de filmes como La roca, aparatoso artefacto destinado a segregar adrenalina a espuertas), pero en el resto sus limitaciones son evidentes. Y eso que ha contado con algunos pesos pesados de la interpretación, como un Jon Voight muy propio como Ministro (se supone que en el original inglés dirán “Secretario”, que es el cargo realmente existente en el ejecutivo USA) de Defensa, aunque ciertamente no aporta nada nuevo. El que sí lo hace, y de qué forma, es John Turturro, que compone el involuntariamente divertido papel de jefe de un servicio supersecreto (del que no tiene conocimiento ni el Secretario de Defensa, qué cosas), con algunos de los mejores diálogos (y más graciosamente dichos) del filme. Como era de prever, Transformers está reventando las taquillas de medio mundo. Que sea una inanidad que retoza otra vez en el mismo lodazal de un esquema que, a fuerza de utilizarlo, ya da náusea, no empaña el hecho de que sus fautores engrosarán ostensiblemente sus cuentas corrientes, aunque desde luego no podrán comprar con productos como éste ni siquiera un mísero taburete en el Olimpo de los Inmortales...

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144'

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Transformers - by , Jul 12, 2007
1 / 5 stars
El esquema de siempre