Película: Últimos días en el desierto

Rodrigo García es, además de hijo del gran Gabriel García Márquez, un guionista y director afincado en Estados Unidos desde su juventud. Estudió en Harvard y sus comienzos en el cine lo fueron como director de fotografía, primero en el cine mexicano (Lola, Danzón, ambas para la directora María Novaro) para después hacerlo en el norteamericano; abandona esa disciplina a principios del siglo XXI cuando prueba fortuna como guionista y director con Cosas que diría con solo mirarla (2000), sensible retrato de las vidas de cinco mujeres, que llamó la atención del público y la industria y lo situó como un prometedor cineasta con mundo propio, que parecía especialmente dotado para hablar de cuestiones femeninas, un poco a la manera en la que en tiempos clásicos se atribuía esa cualidad a un Gregory LaCava o un George Cukor, bien que estos en el ligero terreno de la comedia, mientras que García siempre lo hacía en el más denso del drama. Así, el director colombiano aportó a su filmografía varios títulos de interés, como Nueve vidas (2009) y Albert Nobbs (2011), muy diversas aproximaciones a la mujer desde distintas perspectivas y situaciones. Ello además de una larga serie episodios de exitosas series televisivas, como Los Soprano, A dos metros bajo tierra o En terapia.

Ahora nos sorprende con un notable cambio de estilo y de tema: Últimos días en el desierto es una interpretación de lo que podría haber ocurrido (o de lo que el autor fantasea que podría haber ocurrido) en esas últimas jornadas de las cuarenta que, según el Nuevo Testamento, Jesús de Nazaret pasó en el desierto, previamente a comenzar su vida pública, como purga y limpieza espiritual para afrontar los años de predicación. En ese contexto veremos a Jesús (Jeshua lo llaman en el filme) enfrentarse al Maligno, al diablo que se le representa con sus mismos rasgos, ying y yang, Bien y Mal con la misma forma, Jano bifronte en las ardientes arenas del desierto. Allí encontrará Jesús a una familia compuesta por una madre postrada en el lecho por una enfermedad innominada pero que se intuye mortal, su hijo adolescente, deseoso de encontrar otros horizontes, otra vida, y el marido de ella, quizá no el padre del chico, que resulta ser (efectivamente) carpintero…

Lo primero que llama la atención en Últimos días en el desierto es lo inusual de su temática, nada menos que poner en imágenes no ya la vida de Jesús, sino el pasaje más árido, probablemente, de esa existencia, el lapso de tiempo en el que estuvo preparándose para sus años públicos. También, desde luego, el tono formal con el que García lo refleja, con una gran economía de medios, sin tirar de la espectacularización de cualquier historia que es tan grato al cine moderno, al espectador moderno. Así las cosas, hay que elogiar el increíble coraje de afrontar un reto como este, una película sin asideros formales a los que el público medio pueda agarrarse, una historia que con frecuencia juega en la liga de las abstracciones, de las anáforas, de las imágenes, antes que en la habitual en nuestros tiempos, donde hay un atroz miedo al silencio, a las escenas sin palabras, que aquí son la norma, no la excepción.

No obstante, no se puede decir, lamentablemente, que el empeño se haya resuelto con éxito: era difícil, por no decir imposible, teniendo en cuenta el desafío, y Últimos días en el desierto termina siendo una película que no cumple el objetivo que debe perseguir cualquier filme, interesar al espectador, quizá hacer que se pregunte sobre cosas, tal vez sobre sí mismo, o qué quiere, o en qué cree. Por el contrario, tan árido planteamiento termina hastiando incluso al espectador entrenado y cinéfilo, el que no busca el divertimento fácil y olvidable. De esta forma, la virtud de Últimos días en el desierto es más su irredento valor al afrontar semejante temática que su propia mismidad, sus propios méritos cinematográficos.

Rodada con espartanas formas, está interpretada en su personaje central por un Ewan McGregor que seguro no se ha encontrado antes nunca en una situación tan (actoralmente) incómoda, y con un inanimado protagonista, inmisericorde y perenne, el californiano parque natural Anza-Borrego, espléndido escenario natural adoptado para representar ese desierto, todos los desiertos, en los que Jesús se retiró a orar. Del resto del escaso reparto me quedo con el joven Tye Sheridan, que ya nos ganó con su portentosa actuación en Mud (2012) y que en X-Men: Apocalipsis (2016) confirmó que, como es habitual en los buenos actores, es capaz de componer con credibilidad personajes de franquicias, a la manera de un Ian McKellen o un Patrick Stewart.

Película finalmente no lograda, sin embargo es evidente que nos gana por sus intenciones, por su temeridad argumental: en una sociedad desacralizada, hablar de Dios, y hacerlo sin recurrir a taumaturgias espectaculares, es una idea suicida, como así ha sido: a pesar del protagonismo de McGregor y del renombre de García, la película ha tardado dos años en estrenarse en España, y en Estados Unidos se estrenó de forma limitada (y con escaso eco en taquilla) y sin repercusión en los muy diversos certámenes en los que se ha exhibido. Con todo, prefiero estos gloriosos fracasos a otros grandes éxitos que, sin embargo, son tan cobardes en sus planteamientos y en sus temas…


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98'

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Últimos días en el desierto - by , Apr 04, 2017
2 / 5 stars
Aridez suicida